Hace un año, las autoridades prometieron que los brasileños nunca más volverían a ser testigos del horror que padecieron 242 jóvenes que murieron asfixiados por el humo tóxico que se esparció en una discoteca sin ventanas ni salidas de emergencia.
Pero ahora que Brasil conmemora el primer aniversario del mortal incendio ocurrido en la discoteca Kiss, ni el gobierno federal, estatal o local han tomado medidas concretas para mejorar la seguridad en caso de que ocurra otro incendio en estos lugares de esparcimiento o para hacer cumplir las medidas y reglamentaciones que existen y están vigentes en todo el país.
La inacción gubernamental ha avivado los temores de que otra tragedia similar ocurra cuando propios y extranjeros invadan los clubes nocturnos brasileños durante la Copa del Mundo. “Lo que mató a esos chicos en esa discoteca fue... nuestra cultura que no le gusta obedecer la ley”, dijo Luciano Favero, un especialista en prevención de incendios del estado de Río Grande do Sul, donde ocurrió el incendio de la discoteca Kiss.
