La discriminación y el racismo continúan en Guatemala, en donde los pueblos mayas tienen acceso limitado en el ámbito político, educativo, sanitario y de justicia, según coinciden varios líderes indígenas en declaraciones que publicó ayer la prensa local.
“El problema sigue intacto aunque se comenzó a discutir hace 30 años. Hay un sobrediagnóstico y hace falta políticas pues la discriminación sigue aunque solapadamente”, opina la premio Nobel de la Paz de 1992, Rigoberta Menchú, en declaraciones que publicó ayer el diario local Prensa Libre.
Según Menchú, el problema radica en la falta de un Estado verdaderamente plural e incluyente.
“No hay Estado en Guatemala para los pueblos indígenas. Por ejemplo si vamos al área Ixil (en el noroeste), el Estado se reduce a un representante”, apuntó. En opinión de la Nobel, los pueblos mayas guatemaltecos han logrado avances en el reconocimiento a sus derechos a base de décadas de luchas.
Aún cuando varios integrantes de estos pueblos están capacitados perfectamente para ocupar cargos en la administración pública, “el Estado sigue siendo colonialista”, señaló.
Por su parte, Isabel Cipriano, dirigente de la asociación de mujeres mayas “Moloj”, comentó que el racismo es a veces enfermizo y que los pueblos indígenas “somos utilizados solo como adornito”.
La discriminación hacia los indígenas se evidencia en el limitado acceso al ámbito político, educativo, sanitario o de justicia, anotó Cipriano al mismo diario.
El presidente de Guatemala, Álvaro Colom, ofreció un gobierno con rostro maya, pero en su administración solo hay un ministro indígena, el de Cultura, Jerónimo Lancerio, mientras que en el Congreso, de los 158 diputados, solo 15 son de origen maya.
Álvaro Pop, miembro del Foro Permanente de las Naciones Unidas para los Pueblos Indígenas, considera, según declaró al diario, que existe un avance importante en la participación política, ya que del total de 333 alcaldes, 129 son indígenas.

