Una explosión de grisú en dos minas adyacentes en la provincia de Shanxi, en el norte de China, causó la muerte de al menos 60 mineros, mientras que otros nueve permanecen atrapados, según informó ayer domingo la agencia de noticias estatal Xinhua.
Los cuatro dueños de la mina Xishui, donde murieron 49 personas, fueron detenidos, ya que se les había ordenado suspender la producción en el lugar en noviembre pasado por problemas de seguridad.
"Los dueños incumplieron las instrucciones y retomaron la explotación este año", señaló un funcionario.
Las autoridades tienen pocas esperanzas de encontrar con vida a los trabajadores sepultados en las minas.
Xishui comenzó a producir en 1993 y tenía autorización para sacar 150 mil toneladas de carbón al año antes de ser suspendida.
La explosión se produjo en esa mina y en la vecina de Kangjiayao, ambas ubicadas cerca de la ciudad de Shuozhou. Aquí quedaron sepultados 20 trabajadores.
El jefe de Estado y de partido de China, Hu Jintao, así como el primer ministro, Wen Jiabao, se mostraron preocupados y pidieron a los equipos de rescate hacer todo lo posible por sacar a los que quedaron atrapados, pero a la vez tener mucha precaución por su propia seguridad.
Muchos de los muertos por la detonación, que se produjo el sábado por la tarde, no son nativos, son migrantes de zonas lejanas como la provincia sudeste de Fujian.