Las potencias agrupadas en el G5+1 se reunieron ayer en Ginebra para definir su estrategia diplomática en la próxima tanda de negociaciones con Irán, en la que las partes deberán llegar a un pacto definitivo que disipe las dudas sobre los propósitos militares de su programa nuclear.
La información la confirmó Michael Mann, portavoz de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Catherine Ashton, que dirige las negociaciones en nombre del G5+1 (EU, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China).
El 24 de noviembre de 2013 se selló el histórico pacto de Ginebra, cuya vigencia será de seis meses, a partir del pasado 20 de enero.
En virtud de los compromisos de Ginebra, Irán suspendió todas sus actividades de enriquecimiento de uranio por encima del 5%, y congeló la disolución de sus reservas de uranio enriquecido al 20%, nivel que indica que domina la tecnología lo suficiente como para llegar al 90% necesario para construir una bomba atómica. Además, paralizó cualquier experimento nuclear en las plantas de Natanz y Fordo, así como la construcción del reactor de agua pesada de Arak, con capacidad para producir plutonio, elemento que también sirve para la bomba nuclear, principal temor de occidente durante más de una década.
La Agencia Internacional de Energía Atómica confirmó el lunes que la República Islámica estaba cumpliendo con lo establecido en el plan y, como contrapartida, la UE y EU ese mismo día levantaron algunas sanciones. En concreto, dejaron sin efecto la prohibición al país de transportar su petróleo, la de comerciar con oro y metales preciosos, las restricciones a los productos petroquímicos y el veto a las transacciones financieras con bancos iraníes que no hubiesen sido autorizados previamente. Sin embargo, la UE mantiene restricciones como el embargo de armas o las listas de personas y entidades a las que se les han congelado sus bienes y se les prohíbe viajar al territorio comunitario.
