El cáncer que afecta al presidente Hugo Chávez ha desnudado la enorme dependencia que tiene el Gobierno venezolano de su líder, lo que amenaza con descarrilar decenas de proyectos políticos y económicos cruciales para la campaña electoral de 2012.
Desde que llegó al poder en 1999, Chávez ha controlado y supervisado personalmente hasta el más mínimo detalle del devenir nacional, desde multimillonarias inversiones petroleras hasta la remodelación de escuelas rurales, y siempre ha sido renuente a delegar incluso entre sus más cercanos allegados.
Esto ha creado una estructura piramidal del Ejecutivo, que tiene en el presidente el último y único órgano que decide, generando una suerte de “chávez-dependencia” en materia política y económica difícil de superar en el corto plazo, lo que podría pasarle factura a la “revolución socialista”.
“Si el presidente Chávez no está dispuesto a delegar autoridad, entonces un renovado Gabinete no tendría control para modificar los planes económicos, lo que sugiere un estancamiento o parálisis en la gerencia pública”, advirtió el miércoles The Royal Bank of Scotland en un informe. Nadie sabe hasta qué punto podrá Chávez compaginar su tratamiento y sus responsabilidades de gobierno, ni por cuánto tiempo se prolongará esta situación.
“Existe la necesidad en este momento de tener que delegar, de transferir, de generar un equipo un poco más diverso y con mayor discrecionalidad para el ejercicio de la función pública”, dijo Nicmer Evans, analista político y activista del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Analistas prevén que Chávez reestructurará su gabinete para afrontar este nuevo período, pero parece improbable que se consolide un “segundo de abordo” capaz de tomar decisiones y aglutinar voluntades en el seno del oficialismo, donde conviven varios grupos de poder con intereses y objetivos muy dispares.

