Kuwait se estanca por debilidad de sus ancianos jeques

Los kuwaitíes conceden que su país sigue avanzando sin importar cómo sea administrado, a causa del petróleo que sale a borbotones del principal campo petrolífero

La endeble salud del jeque Saad al-Abdulá al-Sabah, quien ha sido el primer ministro de Kuwait y príncipe de la Corona durante 24 años, ocasiona que pierda de vista lo que está ocurriendo a su alrededor por largos periodos del día, afirman funcionarios kuwaitíes, integrantes del Parlamento y diplomáticos extranjeros que lo han visto en fecha reciente.

Cuando su lucidez va a la deriva, el príncipe de 72 años de edad ya no reconoce a sus ministros. Pierde el hilo de las conversaciones a grado tal que los intérpretes reales reciben instrucciones periódicamente, donde les ordenan decir a estadistas que están de visita cualquier cosa, salvo las ininteligibles palabras que él expresa.

Saad necesita ayuda para bajar las escaleras –cuatro hombres lo ayudaron en la apertura del Parlamento el otoño pasado– y puede llegar a sentirse tan desorientado que, durante los ayunos diurnos del Ramadán del otoño pasado, en repetidas ocasiones exigió que se sirviera té y café a los invitados.

Si bien el interrogante de la sucesión pende sobre muchos dirigentes ya entrados en años en el mundo árabe, quizás sea más pronunciada en este rico emirato, ya que el trío gobernante sufre de padecimientos muy serios.

El emir gobernante, el jeque Al-Ajmed al-Sabah, de 73 años de edad, sufrió una embolia el año pasado y pasó el otoño y parte del invierno recuperándose en Inglaterra.

Con el emir y el príncipe de la Corona incapacitados, el trabajo de administrar el país recayó en el jeque Sabah al-Ajmedal-Sabah, el príncipe de 73 años que ha fungido como ministro del Exterior desde 1962, y que lleva un marcapasos.

La considerable riqueza petrolífera de Kuwait, con una quinta parte de las reservas mundiales, aunado a la presencia de miles de efectivos militares de Estados Unidos, garantizan una estabilidad mínima.

La relación de Kuwait con Estados Unidos y el acuerdo por parte de Irak en la reunión cumbre de la Liga Arabe de este año, celebrada en Beirut, con respecto a respetar la soberanía de Kuwait, significa que el endeble y senil estado de la dirigencia kuwaití tiene pocas probabilidades de tentar al presidente de Irak, Saddam Hussein, para que repita su invasión de 1990.

No obstante, los kuwaitíes sienten que su país se está estancando, atrapado en interminables discusiones públicas a causa de asuntos menores. Muchos kuwaitíes afirman que una dirigencia más joven, consciente del internet y la mundialización, impediría tales discusiones y más bien se centraría sobre la competición económica con emiratos cercanos, cuyos innovadores gobernantes están transformando la región.

“Lo que está demorando el progreso aquí es que la cúpula gobernante es demasiado vieja”, aseguró Muhammad A. al-Jaseem, el editor en jefe del periódico Al Watan. “Todos están listos para un nuevo Kuwait con una generación más joven. Sin embargo, no se puede decir realmente a los ancianos que están equivocados y que es hora de que se retiren”.

A diferencia de otras dinastías reales en el Golfo Pérsico, Kuwait no ha fijado un patrón para la sucesión.

Parte del problema es que Sabath, el eficaz gobernante, desalienta la discusión pública e incluso ha prohibido a los diarios de Kuwait escribir directamente con respecto al tema, al que actualmente se hace mención en medios impresos como La Gran Decisión.

“Todo parece indicar que no se ha dado ningún paso con miras a organizar este asunto”, dijo Ajmad al-Deyain, columnista kuwaití. Con el propósito de exponer su argumento, dedicó una columna a describir la situación de Libia en 1969, cuando un benevolente monarca que estaba envejeciendo, el cual tenía bases estadounidenses y británicas sobre su territorio, fue derrocado por el primer coronel temperamental que pasó casualmente por ahí.

“La familia al-Sabah cree que se trata de un asunto familiar”, agregó. “Por supuesto que nosotros no interferimos con los asuntos de la familia, pero estamos hablando sobre la situación del país, la competencia de la gente que toma las decisiones. Es obvio que existe un problema aquí”.

La familia real tiende a negar cualesquiera de tales problemas. El jeque Muhammad al-Sabah, quien cuenta con 47 años de edad y es ministro de Estado para Asuntos del Exterior, dijo que el país aún se beneficiaba de la sabiduría de la generación anterior.

“Mentalmente están en buenas condiciones, aseguró. Físicamente, están débiles. Necesitamos dirigentes, no acróbatas”.

Con la renuencia de la dinastía para discutir la sucesión, miembros importantes de la comunidad empresarial de Kuwait formaron un comité hace varios meses, el cual tiene el objetivo de cabildear a la familia, no en lo tocante a quién estará a la cabeza, sino respecto al menos a encarar la cuestión.

A los kuwaitíes les irrita que, hace 30 años, estaban enviando ayuda financiera a los Emiratos Arabes Unidos para cubrir aspectos tales como hospitales y escuelas. Hoy día, uno de los emiratos, Dubai, ha eclipsado a Kuwait en cada aspecto del comercio moderno, administrando un puerto muy exitoso, una zona de comercio internacional, una aerolínea y aeropuerto, así como servicios de carga, por mencionar algunos.

Kuwait, con toda justicia, enfrentó severos retrocesos, los cuales van desde el colapso de su sector financiero, a principios de los 80, hasta la invasión de Irak. No obstante, pensadores kuwaitíes destacan que los retrocesos no han fortalecido una determinación para hacer que este país avance.

Desde que fue reinstaurado en 1992, el Parlamento electo ha estado atado, en su mayor parte, por discusiones entre facciones islámicas y sus aliados en contra de opositores más liberales.

Analistas políticos afirman que muchos temas difíciles que han sido eliminados o descartados en el Parlamento (como el derecho de la mujer al voto, o la privatización económica) podrían haber logrado la aprobación de haber sido impulsados por una dirigencia más joven, más fuerte.

La población de 2.2 millones de habitantes, con casi la mitad de origen kuwaití, crece a grandes pasos al tiempo que, con la economía, no sucede lo mismo. El Gobierno da empleo al 95% de los kuwaitíes en la fuerza laboral, en tanto que los extranjeros llevan a cabo labores en el área de servicios.

“Todos los habitantes de Kuwait se han convertido en empleados gubernamentales”, expresó Abdulá Nibari, uno de los resolutos liberales en el Parlamento. “¿Cuánto tiempo podemos seguir de esa forma?”.

Tras los ataques del 11 de septiembre en contra de Estados Unidos, los liberales creyeron que ya tenían a la defensiva a las fuerzas islámicas en Kuwait. El hecho de que uno de lo principales portavoces de Osama bin Laden, Suleimán Abu Gheithm, resultó ser de nacionalidad kuwaití, los afectó incluso más. Kuwait ha negado que otro lugarteniente de Osama bin Laden –que en fecha reciente fue señalado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos– sea kuwaití.

No obstante, el apoyo de Washington hacia Israel provocó que el péndulo regresara. El pueblo kuwaití no siente un gran amor por la dirigencia palestina, la cual respaldó a Irak durante la invasión, pero el tema sobre el control de Jerusalén da origen a fuertes fricciones.

Algunos líderes religiosos comenzaron a denunciar a judíos y cristianos como el enemigo durante sermones que se pronuncian cada viernes. Cuando el ministro de Asuntos Religiosos ordenó un alto, fue atacado como si estuviera tratando de pasar por encima de los versos coránicos que condonan oraciones en contra de quienes hayan tratado injustamente a los musulmanes.

“Estaban en contra de maldecir a todos los judíos y los cristianos”, afirmó Abdel Razak al-Shayegi, el portavoz de una organización islámica y uno de los líderes de los rezos del Viernes. Pero, ahora, puedo decir: “Dios, castiga a Bush; Dios castiga a Rumsfeld; Dios, castiga a Rice. Eso es mejor, pues ellos son los que están practicando injusticias en contra nuestra”.

Tales exabruptos llenan de consternación a kuwaitíes liberales. “Pronunciar un sermón con rezos dirigidos a Alá para que dé una victoria a los musulmanes sobre el infiel, pues, no tiene sentido”, expresó Nibari. “No estamos en una batalla, no estamos librando una guerra y personas no musulmanas nos están dando protección de musulmanes”.

Los kuwaitíes conceden que su país sigue avanzando sin importar cómo sea administrado, a causa del petróleo que sale a borbotones del principal campo petrolífero.

“Mientras el campo petrolífero de Burgan bombee suficiente crudo para alimentar las bocas del 95% de la población de Kuwait, están contentos”, afirmó Jassim M. Boodai, el editor en jefe del periódico Al Rai al Am. “Ha sido así a lo largo de los últimos 35 años”.

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