Las manifestaciones populares que se extendieron en junio y julio de 2013 por todo Brasil para reclamar mejores servicios públicos y el fin de la corrupción, redefinieron la relación entre el poder político y los ciudadanos, y abrieron una dinámica que los especialistas consideran tendrá consecuencias históricas.
La “voz de las calles” se convirtió en un protagonista fundamental del debate político, y reabrió la controversia sobre la necesidad de reformar las instituciones políticas. Las manifestaciones se iniciaron en Sao Paulo a partir de una protesta estudiantil para pedir la reducción de la tarifa de ómnibus, que ganó mayor repercusión debido a la fuerte represión policial.
El movimiento se extendió rápidamente a todo el país a través de las redes sociales, con un severo cuestionamiento a los poderes públicos, a la clase política, y críticas a los gastos del gobierno en las obras para la Copa de las Confederaciones 2013 y la Copa del Mundo 2014.
Actos de protesta ocurrieron en los estadios que recibían partidos de la Copa de las Confederaciones, cuya amplitud promovió el apoyo de jugadores de la selección brasileña a las demandas de la población.
La masividad de las protestas, que llegaron a movilizar hasta a un millón de personas en 25 capitales en los días de mayor intensidad, sorprendió a los analistas, en especial por el carácter fuertemente político de los reclamos.
Cuando el movimiento ganó carácter nacional, la presidenta Dilma Rousseff respondió proponiendo un plesbiscito para una reforma política, pero no tuvo respaldo en el Congreso, por lo que la insatisfacción de los ciudadanos con la clase dirigente obtuvo una respuesta decepcionante.
Etapa Histórica
En diálogo con Xinhua, el profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Sao Paulo (USP), Osvaldo Coggiola, consideró que las manifestaciones indican el inicio de una nueva etapa histórica en el país.
A pesar de que la única conquista concreta fue la reducción de la tarifa, los manifestantes enviaron un mensaje al mundo político, que debe tener que enfrentar nuevas presiones para dar respuesta a los problemas nacionales de forma más pronunciada en 2014, con la Copa del Mundo y las elecciones generales en octubre.
“En Brasil, las movilizaciones siempre tuvieron un carácter regional. Aquí, en Sao Paulo, la protesta fue contra el aumento de la tarifa (de ómnibus), y tuvo un carácter nacional, a pesar de la diversidad de objetivos en cada estado y en cada municipio”, recordó.
