Primero aumentó el poder de los espíritus y después le llegó el turno a la violenta naturaleza. Pese a todas las advertencias de los expertos, miles de javaneses se han negado a abandonar la falda de la montaña no solo por el miedo a los saqueadores, sino porque esperan la señal de Maridjan, el tradicional "guardián de la llave" del Merapi.
La creencia popular afirma que los espíritus avisarán a este hombre de 79 años de edad cuando sea necesario. Pero la señal llegó ayer de la propia "Montaña de Fuego", Merapi en javanés, creando un dramático escenario de corrientes de lava, nubes gigantes de ceniza y explosiones que finalmente obligaron a muchos aldeanos a abandonar la región.
Aunque muchos de los habitantes de Java dirigen sus oraciones a Alá, como la mayoría de los indonesios, la creencia en espíritus y dioses sigue estando muy arraigada en la isla. Y en la región situada entre las ciudades históricas de Yogyakarta y Solo a el Merapi cobra una importancia especial. Según cuentan, en la cima de la poderosa montaña existe un reino sobrenatural, y para apaciguar al coloso los aldeanos le ofrecen sacrificios.
Miedo o veneración, lo único que se sabe en Java a ciencia cierta es la terrible violencia que puede desencadenar el volcán. Se cree que a principios del siglo XI una gigantesca erupción provocó el desplazamiento de un reino hindú hacia el este. También se piensa que fue esa misma erupción la que enterró el famoso templo de Borobudur, ocasionando el fin del budismo en Java.
El santuario quedó en el olvido durante siglos, hasta que a mediados del siglo XIX lo redescubrió Sir Thomas Stamford Raffles (1781-1826), entonces gobernador británico de Java y posterior fundador de Singapur.
Los ancianos afirman que todavía recuerdan la terrible erupción de 1930, que causó la muerte a unas mil 370 personas. Y hace 12 años fallecieron otros 66 javaneses calcinados por los miles de grados de las ardientes nubes de gas, que en el lenguaje popular reciben el nombre de "cabras peludas", porque según los aldeanos se les parecen. Pero no solo su reputación como refugio de los espíritus hace que pese al peligro los javaneses busquen su proximidad: la fértil tierra que rodea la montaña promete a los campesinos abundantes cosechas y un buen pasto para su ganado.
"No podemos obligarles", dice Taufik, funcionario en el centro de ayuda de emergencia en el distrito de Sleman, situado junto al Merapi, refiriéndose a todos aquellos que todavía no han huido del amenazador volcán. "Solo podemos pedirles que observen atentamente la montaña y corran a un vehículo en cuanto ocurra algo imprevisto", señala.
Los que permanecen en las zonas de riesgo tienen su motocicleta preparada en caso de que el Merapi decida estallar con toda su furia.
