El depuesto presidente de Egipto, Mohamed Morsi, y otras 129 personas, incluyendo a miembros de Hamas y Hizbulá, fueron remitidos a juicio ayer sábado bajo cargos de asesinato y otros vinculados a una fuga masiva desde una cárcel durante los levantamientos de 2011 contra Hosni Mubarak.
Se trata del tercer conjunto de cargos presentados contra Morsi desde que fue derrocado por el ejército en julio tras unas protestas multitudinarias contra su mandato.
La decisión además intensifica la implacable represión contra su grupo, los Hermanos Musulmanes, en los meses posteriores a su derrocamiento. Esta semana, el fiscal ordenó que Morsi y otros 35 líderes de la agrupación fueran a juicio por conspirar con extranjeros, incluyendo a Hamas y a Hizbulá, para perpetrar una campaña de terrorismo en Egipto.
Los cargos, que los Hermanos Musulmanes describieron como “risibles”, podrían implicar penas de muerte para Morsi y sus colegas. “Es un asunto político por excelencia y no tiene ninguna vinculación con delitos o crímenes”, dijo un portavoz de la Hermandad, Mustafa al Jatib, sobre la decisión.
El jueves, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Chuck Hagel, mostró su preocupación por las acusaciones contra Morsi y contra otros líderes del grupo en una conversación telefónica con el jefe del ejército egipcio, el general Abdel Fattah al-Sisi, el hombre que depuso al primer líder egipcio elegido libremente.
Sisi es el candidato más probable para ganar la presidencia en las elecciones que están previstas para el año próximo si postulara al cargo. La siguiente etapa en el plan de transición del ejército es un referendo a mediados de enero para una nueva Constitución.
En un comunicado de tres páginas, el juez investigador, Hassan al-Samir, describió al caso –vinculado a las fugas de prisión durante la revuelta contra Mubarak– como “el crimen de terrorismo más peligroso que el país ha presenciado”.
