El papa Francisco hizo ayer un intenso llamado a la paz en el mundo, y en particular en Siria y en África, en su mensaje navideño, pronunciado desde el balcón de la Logia central de la basílica de San Pedro.
En su primer discurso en el día de Navidad como Papa, insistió en la necesidad del diálogo y la solidaridad entre las personas y criticó el sufrimiento de millones de personas por la violencia, la expulsión y la explotación.
Mientras leía el mensaje, se apartó un poco del texto preparado para llamar “a los no creyentes que también quieren la paz” a unirse “en plegarias o buenos deseos” para que haya un fin de las guerras y la violencia.
“Demasiadas vidas ha destrozado en los últimos tiempos el conflicto de Siria, generando odios y venganzas. Sigamos rezando al Señor para que el amado pueblo sirio se vea libre de más sufrimientos y las partes en conflicto pongan fin a la violencia y garanticen el acceso a la ayuda humanitaria”, afirmó el pontífice ante unas 70 mil personas reunidas en la plaza de San Pedro y otros millones que lo siguieron por televisión.
“La verdadera paz no es un equilibrio de fuerzas opuestas”, dijo el religioso argentino. “No es pura ´fachada´ que esconde luchas y divisiones. La paz es un compromiso cotidiano, que se logra contando con el don de Dios”. “Viendo al Niño en el Belén, pensemos en los niños que son las víctimas más vulnerables de las guerras, pero pensemos también en los ancianos, en las mujeres maltratadas, en los enfermos. ¡Las guerras destrozan tantas vidas y causan tanto sufrimiento!”, subrayó.
