El papa Benedicto XVI se reunió con sus más antiguos fieles en la isla italiana de Cerdeña, incluida una mujer de 105 años que le deseó una vida tan larga como la suya.
La visita se realizó con motivo del peregrinaje de un día a la ciudad de Cagliari para celebrar el primer centenario de la proclamación de la Virgen María de Bonaria, la patrona religiosa de la isla.
Unos 150 mil fieles soportaron un sol abrumador mientras esperaban saludar a Benedicto XVI en la entrada del santuario de la basílica. Dentro de la iglesia, unos 30 sardos de más de 100 años se preparaban para reunirse con el pontífice, de 81 años.
Los científicos y sociólogos se refieren a este sector de la población, que va en aumento, como los “super mayores”.
Los científicos visitan la isla regularmente en busca de claves para descubrir la extraordinaria longevidad de algunos de sus habitantes.
Cerdeña cuenta con una población de un millón 600 mil habitantes, de los cuales hay 14 centenarios por cada 100 mil personas. En el resto del mundo, el porcentaje promedio es de siete u ocho centenarios por cada 100 mil habitantes.
El mes pasado, Benedicto XVI habló sobre el hecho de ser adulto mayor durante una ceremonia a la que acudió su hermano, de 84 años.
El Papa dijo que vive la última etapa de su vida y que su hermano le ayuda a aceptar el hecho de ser mayor y vivir cada día con serenidad y coraje.
Antonia Girau, que dentro de dos meses cumplirá 106 años, esperaba pacientemente para dar algunos consejos al pontífice dentro de la basílica de Cagliari, en el santuario de Nuestra Señora de Bonaria.
“Tendrá que gritarme directamente al oído porque no oigo bien”, dijo Girau apuntando a su oreja izquierda. “Le diré que espero que viva hasta llegar a mi edad. Aunque no oigo bien, estoy clara de mente”, añadió.