Juan Ramón Martínez Dettore Fue un hombre, simplemente, con una huella de sudor agrario, tuvo talento solo de manicero empresario, pero para desgracia de su país y de otros, quiso jugar a presidente, y sin otra divisa que su sonrisa, no pudo emblanquecer la Casa Blanca con la nieve pueril de su sonrisa. Disfrutó su flaqueza como un vicio, y fue pigmeo para el gran oficio en un salón oval de horas nocturnas. Infeliz mariscal, sin saber cómo, un vengador ejército de urnas de tu propio pueblo, te acribilló sin plomo: Luis Mario (poeta cubano).
En estos días con motivo de la oportuna adjudicación del premio Nobel de la Paz al señor Jimmy Carter, algunos seguidores de la dictadura se han desecho en loas a este personaje. Tienen sobrados motivos para hacerlo: la firma de los tratados del 77, en particular el del paraguas neutral, les significó gran cantidad de préstamos y acreditaciones, así como impunidad para unos años más de crímenes para aterrorizar a la población (tal como se sabía entonces, y en la actualidad lo ha comprobado la Comisión de la Verdad, la cual aunque no existe, ha desarrollado una labor tan ponderable como contrastante). Así continuaron saqueando los fondos públicos y aumentando la deuda eterna, la que junto a las privatizaciones, nos tiene a la gran mayoría, más pobres. Todo esto era del pleno conocimiento del señor Carter, quien en esa época promovía una campaña de los derechos humanos, a nivel internacional, que fue el plano en el que dicho señor no dio muestras de su limitada medida, los rusos me han engañado en Afganistán, me sorprendió el secuestro de la embajada de USA en Irán. El pueblo estadounidense le respondió a su ineptitud con una cuarta de votos menos, no arriesgándose a reelegirlo.
En su apoyo a la campaña de derechos humanos, Panamá fue la excepción, a donde vino a apuntalar a un dictador. La misma noche de su llegada, y en continuación a la campaña de aterrorizar a la población para evitar protestas, varios jóvenes resultaron heridos y dos de ellos asesinados a balazos en los predios de la Universidad de Panamá. El señor Carter no se dio por enterado. Se celebró una manifestación en la Plaza 5 de Mayo. Lamentablemente no se pudieron manifestar los panameños exiliados ni la gran mayoría del pueblo panameño, prácticamente secuestrado y con sus derechos conculcados, y que como hombres libres odiaban la dictadura y odian reminiscencias de la misma. El tratado de neutralidad (que habrá que luchar para abrogarlo), el del paraguas agujereado por donde se filtran los conceptos sofismáticos de una soberanía limitada a perpetuidad, se firmó con los auspicios de la Organización de Enanos Anodinos (OEA), la cual nunca disimuló su cariño y apoyo a la dictadura que padecíamos en Panamá.
Posteriormente, el señor Carter, en un acto de humorismo involuntario, le solicitó con toda la condescendencia con la que él suele actuar con todas las dictaduras, a la de Panamá, que restituyera el estado de derecho, partidos políticos, libertad de expresión, etc. Todo esto, por supuesto, cuando ya se hubieran firmado los tratados, uno de los cuales le garantiza a EU, a perpetuidad, el derecho a intervenir en nuestro país, el cual la dictadura dictaminó que era comestible y potable, (manes de 1903 y de Buneau Varilla), y que sirvió posteriormente de argumento, ante la OEA y la ONU de justificativo legal para la invasión. Todo esto hizo comprender, posteriormente, las razones del golpe de Estado del 68, para que alguien comprensivo firmara los tratados. No sea que hubiera que negociar con alguien que cobrara a EU el uso de las bases, o que en justa compensación histórica negociara por el tercer juego de esclusas, o por el nuevo puente, (el actual de las Américas fue uno de los 12 puntos compensatorios que Arnulfo Arias exigió a los yanquis en 1940). Hoy día, gracias a la desclasificación de documentos secretos, nos hemos podido enterar de que desde 1964 los estadounidenses tenían toda la intención de entregar el tren y el Canal a Panamá, desligándose de todo compromiso económico ulterior, tal como acontece. Todo esto pone en evidencia, en lo que a Panamá respecta, la hipocresía y mascarada que se vivió durante la gestión del señor Carter y posteriormente, como cuando él, con gran entusiasmo, avaló el infame fraude de 1984 e incluso viajó a Panamá para asistir a la toma de posesión. Este frustrante y criminal fraude, que se consolidó en el palacio legislativo, desde el cual se disparó a mansalva lo que costó heridas de bala a 42 ciudadanos y a cuatro sus vidas, de los que ya casi nadie se acuerda. Como corolario de todo esto, en su última visita a Panamá, el mencionado señor hizo declaraciones en las que, con todo el desparpajo posible, contradijo el espíritu y texto del tratado de neutralidad que él mismo firmó, particularmente en el derecho a intervenir. Todo esto para alegría de algunos bellacos, que no son capaces de asumir su responsabilidad histórica en relación al tratado, así como para la placidez de algunos que no se han tomado la molestia de leerlos. Sin que venga a cuento, está de moda una canción titulada Mentiroso.