El ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic fue enterrado ayer, sábado, en el jardín de su casa familiar, luego de que decenas de miles de serbios marcharon para despedir al hombre que lideró uno de los mayores derramamientos de sangre en la historia y que fue expulsado por su propia gente.
Los activistas pro Occidente que actualmente gobiernan Serbia se negaron a realizarle un funeral de Estado, pero los máximos líderes del Partido Socialista y los ultranacionalistas rindieron tributo a su héroe.
Unos 3 mil manifestantes agitando banderas de Serbia y rosas rojas se reunieron para alabar a Milosevic -acusado por Naciones Unidas por los crímenes ocurridos durante la guerra de los Balcanes en la década de 1990- antes de ser enterrado en Pozarevac, su ciudad natal, a unos 80 kilómetros al este de la capital yugoslava de Belgrado.
"Tuvo el coraje de un hombre de Estado en tiempos de mucha dificultad para las personas y nunca fue un cobarde", declaró Milorad Vucelic, funcionario del Partido Socialista, a las miles de personas que se congregaron en el centro de la ciudad antes del funeral.
"Fue un héroe tanto en vida como en muerte, un gran hombre", agregó.
El ataúd fue cubierto con la bandera de Serbia y escoltado por ex funcionarios militares en uniformes de ceremonia.
Milosevic murió el sábado pasado de un ataque al corazón en su celda del tribunal de crímenes de guerra de la ONU en La Haya, apenas meses antes del esperado veredicto sobre el prolongado juicio en su contra por las guerras de Croacia, Bosnia y Kosovo, donde murieron al menos 150 mil personas.
La viuda de Milosevic, Mirjana Markovic, y su hijo Marko, que enfrentan problemas judiciales en Serbia, no asistieron al funeral.
Sin embargo, el presidente de un comité de defensa de Milosevic, Bogoljub Bjelica, leyó en la ceremonia fúnebre la carta del hijo del fallecido ex presidente, Marko, que dijo que con ese sepelio "no quedará enterrada la libertad y la dignidad".




