Numerosas personas celebraban ayer en las calles del área del valle Swat, en el norte de Pakistán. El motivo de la poco habitual explosión de alegría era que el gobierno de la provincia Frontera Noroeste se había plegado a la brutal violencia de los talibanes anunciando la instauración de tribunales islámicos.
“Ahora regresará la paz a la región”, opinaba un lugareño llamado Shabir Khan. Pero esta esperanza podría ser ilusoria: de facto, el anuncio del gobierno provincial de establecer tribunales islámicos es un reconocimiento de su derrota contra el líder talibán Maulana Fazlullah y sus guerrilleros. El acuerdo de Swat envió al resto del país una señal devastadora.
El presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, advirtió claramente por primera vez el domingo en una entrevista con la emisora CBS de una derrota en la lucha contra los talibanes. “Tenemos claro que los talibanes intentan asumir el poder en Pakistán”, dijo. “Por eso se trata de la supervivencia de Pakistán”.
Y el nuevo enviado especial estadounidense para Afganistán y Pakistán, Richard Holbrooke, destacó ayer en Nueva Delhi que India, Estados Unidos y Pakistán se encuentran ante un enemigo común, “que supone una amenaza directa para nuestros líderes, nuestras capitales y nuestra gente”. Y muy probablemente Holbrooke no estaría pensando en acuerdos como el de Swat como receta de éxito en la lucha contra esa amenaza.
El Gobierno paquistaní ya perdió hace tiempo el control sobre el valle de Swat y la zona tribal, desde la que los talibanes atacan objetivos en Afganistán. Pero ni siquiera las ciudades de la potencia atómica están seguras de la acción talibán.
Con los ataques al hotel Marriott en el centro de la capital Islamabad, que costaron más de medio centenar de vidas, los insurgentes probaron el pasado septiembre su fuerza de combate.
En la mayor parte del antes idílico valle del Swat, a solo unos 160 kilómetros al noroeste de Islamabad, las tropas de Fazlullah instauraron entre tanto un régimen de terror, que recuerda fatalmente al antiguo dominio talibán en Afganistán.
