Japón ofendió a China y Corea del Sur con la visita que ayer realizó el primer ministro japonés, Shinzo Abe, al santuario Yasukuni en Tokio, controvertido para los países vecinos ya que está dedicado a los 2.5 millones de japoneses caídos en conflictos bélicos, entre ellos varios criminales de guerra.
Se trata del primer ministro japonés desde 2006 que reza en este santuario, que también acoge a criminales de guerra condenados de la Segunda Guerra Mundial.
El gesto conservador de Abe coincide con el aumento de la tensión entre Tokio y Beijing por la disputa de un grupo de islas en el mar de China Oriental.
En el santuario de Yasukuni, no lejos del palacio imperial en Tokio, se honra a los japoneses caídos en guerras desde 1853. Según las estimaciones de los historiadores, el Ejército japonés mató antes y durante la Segunda Guerra Mundial a más de 20 millones de personas en Asia. China y Corea del Sur han criticado duramente el gesto de Abe. “Protestamos y condenamos la actuación de la cúpula japonesa”, dijo un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores en Beijing. Corea del Sur, por su parte, calificó la acción de Abe de anacrónica y escandalosa.
