LA planta Union Carbide de la ciudad de Bhopal, era considerada un símbolo de una India nueva y emergente, una factoría que no solo generaría miles de puestos de trabajo, sino que fabricaría pesticidas baratos para millones de agricultores.
Pero la fábrica en el centro del país, ha dejado un legado mucho más poderoso después de liberar accidentalmente gases tóxicos a la atmósfera que causaron la muerte de miles de personas y enormes sufrimientos a muchas más en el peor desastre industrial del mundo.
Un cuarto de siglo después, las abandonadas instalaciones siguen en pie, pero detrás de sus puertas de hierro se encuentra lo que los ecologistas califican de “un desastre dentro de un desastre”: un lugar tremendamente contaminado que según revela un nuevo estudio está envenenando lentamente el agua potable que consumen miles de indios.
Desde hace mucho tiempo, Bhopal ha proyectado su sombra sobre el país y sobre cómo gestiona los retos de una población de mil 100 millones de personas, en su mayoría pobres, mejora sus condiciones de salud y sus normas de seguridad en un contexto de una economía de fuerte crecimiento.
“Nuestras conclusiones sugieren que todo el lugar está muy contaminado”, dijo Sunita Narain, director del Centro de Ciencia y Medio Ambiente, que tiene su sede en Nueva Delhi, tras analizar en octubre los niveles de toxicidad del agua y tomar muestras de tierra dentro y fuera de la planta.
