A escasos dos meses de que muchas personas en el mundo recibimos con alegría la noticia de la liberación de la nigeriana Safiya Hussaini de morir lapidada, el mismo día se divulgaba la noticia de otro caso similar que inmediatamente movilizó una campaña mundial de Amnistía Internacional, que ya recogió más de 100 mil firmas de apoyo para salvar esta vez a Amina Lawal, una mujer nigeriana de 30 años, divorciada a finales del año 2000, que fue condenada el 22 de marzo por un tribunal islámico de Bakori, a morir lapidada, tras haber sido entregada a las autoridades por sus propios vecinos después que dio a luz a una niña estando divorciada.
Amina Lawal fue juzgada sin que nadie le explicara los cargos en su contra y sin tener una defensa legal. El hombre con el que mantuvo relaciones, Yahaya Mohammed, bajo la promesa de éste de que contraerían matrimonio, cuando fue llamado al tribunal aunque admitió las relaciones con Amina negó que hubieran sido sexuales, por lo que el tribunal retiró los cargos en su contra, ya que Amina no pudo presentar los cuatro testigos que exige la ley islámica, lo mismo que le sucedió a Safiya en su momento.
En el caso de Amina Lawal, las pruebas para condenarla son su propia confesión y la hija nacida fuera del matrimonio; hecho que según la interpretación machista del Corán constituye adulterio, sancionado con la lapidación o con otras penas denigrantes, indignas e inhumanas.
La presión internacional que creó el caso de Safiya llevó al Gobierno de Nigeria a declarar recientemente anticonstitucional la Sharia, vigente en 12 de los 36 estados del país (que no incluye el estado de Katsina donde vive Amina) al considerar que esta ley islámica viola los compromisos constitucionales de respeto a los derechos humanos y de no discriminación en función de la religión o el sexo.
Una organización de mujeres nigerianas llamada Baobab, contrató los servicios de un abogado que presentó una apelación del caso ante el tribunal islámico del norte de Nigeria, que aplazó hasta el próximo lunes 3 de junio la revisión de la condena a muerte por lapidación para Amina.
Frente a este caso, debemos unir nuestras voces de protesta y solidarizarnos no sólo con Amina, sino con todas las mujeres nigerianas para exigir al Gobierno de ese país que de una vez y para siempre se termine con la violación a sus derechos humanos.
La autora es abogada
