SANTIAGO DE CHILE DPADesde los atentados contra Nueva York y Washington de 2001, el 11 de septiembre es visto en el mundo como el día en que el terrorismo llegó a niveles insospechados. Pero la fecha era ya especial para los chilenos desde 1973, día en que el general Augusto Pinochet encabezó el golpe militar que ahogó la democracia a sangre y fuego.
A pesar del paso del tiempo, aquel 11 de septiembre de 1973 sigue fresco. Las imágenes de los bombardeos sobre el palacio gubernamental de La Moneda no dejan de verse en la televisión y los protagonistas de los hechos siguen sin ponerse de acuerdo.
Los familiares de los cerca de mil 200 desaparecidos que dejaron casi 17 años de la dictadura ultraderechista del ahora fallecido Pinochet sostuvieron siempre que Chile cerrará las heridas y mirará de lleno al futuro sólo cuando la Justicia termine su tarea y todos los culpables de violaciones de los derechos humanos estén tras las rejas.
Pinochet, así como los ex militares que integraron su régimen y sus aliados de la derecha dura, afirmaban por el contrario que la historia tendrá que dejar en claro que las Fuerzas Armadas se vieron "obligadas" a intervenir para evitar que el derrocado presidente socialista Salvador Allende impusiera una "dictadura marxista".
En su 91 cumpleaños, el pasado 25 de noviembre, su esposa, Lucía Hiriart, leyó una carta firmada por el propio Pinochet en la que el ex dictador asumía la "responsabilidad política" del golpe de Estado que, afirmaba, "no tuvo otro norte que engrandecera Chile y evitar su desintegración".
SALVADOR ALLENDE
Salvador Allende, un médico que aspiró cuatro veces a la Presidencia con postulados de izquierda, llegó al poder en 1970 tras unas reñidas elecciones y muy pronto empezó a tomar medidas que causaron escozor en la oposición de derecha, como la nacionalización de empresas de sectores estratégicos, que le valieron apoyo de los sindicatos y el odio de los empresarios.
Los paros promovidos por los hombres de negocios que sufrieron expropiación, la presión ejercida por Estados Unidos en uno de los momentos más álgidos de la Guerra Fría que dividió al mundo en dos bloques y el fuerte desgaste de tres años de gobierno llevaron a Allende a un punto sin retorno.
Pinochet, que poco antes había asumido la comandancia del Ejército, decidió a último momento apoyar los planes golpistas de compañeros de armas, pero al final asumió el mayor protagonismo y se hizo del poder con mano de hierro.
El mandatario derrocado decidió suicidarse antes que aceptar el exilio ofrecido por los militares y Chile empezó a vivir bajo una dictadura que proscribió a los partidos de izquierda y persiguió sin contemplaciones a los críticos del régimen, generando rechazo internacional.
LEGADO ECONÓMICO
En el terreno económico, el gobierno de facto privatizó las empresas que habían cambiado de manos en la administración anterior, con excepción de la explotación del cobre, parte de cuyos réditos reservó para las Fuerzas Armadas.
También privatizó la seguridad social y aranceló gran parte de los servicios básicos de educación y salud, aplicando un modelo económico que hoy sería definido como neoliberal a ultranza.
La dictadura se desenvolvió sin mayores problemas en los primeros años, debido a que la represión prácticamente anuló a los opositores, pero en los años 80 se empezó a formar un movimiento liderado por los partidos de centro e izquierda que enarboló la causa de los derechos humanos y el retorno a la democracia.
PLEBISCITO DE 1998
La Concertación de Partidos por la Democracia preparó el terreno para que la dictadura aceptara someter a un plebiscito en 1988 la continuación de Pinochet por otros ocho años o el regreso de las votaciones libres.
Seguro de la victoria, Pinochet se sorprendió el 5 de octubre de ese año cuando el resultado anunció un triunfo de los sectores demócratas con el 54.6% de los votos, frente a un 43.3% de los proclives a la continuación del régimen militar.
Aunque historiadores han destacado la particularidad del proceso de transición chileno, por el hecho de que el propio dictador aceptara la votación y asistiera a la posesión de su sucesor, otros testimonios revelaron que Pinochet trató de desconocer el plebiscito.
Según el general retirado Fernando Matthei, que formó parte de la junta de gobierno, Pinochet intentó sacar los tanques a la calle y dar un autogolpe, pero fue disuadido por los oficiales de su entorno.
La Concertación de Partidos por la Democracia ganó las primeras elecciones e instaló en La Moneda al demócrata cristiano Patricio Aylwin, que en 1994 entregó la banda a su copartidario Eduardo Frei Ruiz-Tagle.
Desde entonces se ha mantenido en el poder, que asumió recientemente la socialista Michelle Bachelet, una de las víctimas de Pinochet.

