Los colombianos eligieron ayer un nuevo Congreso, en unos comicios clave para el presidente Juan Manuel Santos en su camino hacia la reelección y proceso de paz que lleva a cabo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
La alianza centroderechista oficialista que respalda a Santos sufrió un fuerte revés frente a la oposición de derecha, según los primeros reportes del escrutinio de votos.
Un informe preliminar de la Registraduría Nacional del Estado Civil con el 12.82% de las mesas escrutadas para el Senado, de 102 miembros, indicaba que el opositor Centro Democrático, cuya lista es encabezada por el expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), obtenía el 16.07% de los votos, según DPA
En segundo lugar figura el Partido Conservador, con el 12.50%, que hasta hace pocos días formaba parte de la alianza de gobierno, pero se retiró tras elegir a Marta Lucía Ramírez como candidata presidencial para mayo, con lo que dio la espalda a la aspiración de Santos de reelegirse.
El oficialista Partido Social de Unidad Nacional figuraba de tercero con el 12.49%, mientras que el cogobernante Partido Liberal obtenía el 12.30%.
Otro partido de la alianza de gobierno, Cambio Radical, obtuvo el 5.77%. Luego figuran el opositor izquierdista Polo Democrático Alternativo (4.55%), el partido independiente Opción Ciudadana (4.46%) y los independientes Alianza Verde (4.14%) y movimiento Mira (2.53%).
Los nuevos legisladores asumirán sus escaños el 20 de julio. El gobierno de Santos anunció que aunque pierda algunos escaños, su alianza de gobierno retendrá la mayoría del Senado de 102 miembros y los 167 de la Cámara de Representantes, de acuerdo con AP.
El punto es cómo lidiará el oficialismo de Santos, un economista de 62 años, con una oposición que muchos anticipan se verá fortalecida con el ingreso del expresidente Uribe en el juego político, aunque todavía está por verse los resultados finales y cómo quedarán repartidos todos los escaños, que en las pasadas elecciones de 2010 fueron arrasadas por los partidos de la coalición –que entonces incluía al conservadurismo–y a los que se sumaron otros grupos para tener en total al menos 94 senadores y 153 representantes.
Pero al “uribismo”, sin contar con ninguna posible alianza en el futuro, le quedaría cuesta arriba conseguir bloquear los proyectos que presente el Gobierno porque para ello precisaría de la mayoría de los escaños, lo que ni el propio exmandatario o sus colaboradores anticipan.
Se trata de una elección trascendental porque, cuando tomen posesión, el próximo 20 de julio, los parlamentarios deberán discutir temas tan importantes para el país como las reglas del postconflicto si siguen las negociaciones por la paz y se firma el delicado proceso con las FARC.
En este tema, los puntos más álgidos son la posible suspensión de condenas a los guerrilleros y su posible posterior participación en política. Además, los nuevos senadores deberán tramitar la reforma de la salud que ya el Gobierno empezó a desarrollar, modificar el código minero, reformar el sistema educativo, debatir un proyecto para agilizar los procesos judiciales que hoy duran años sin respuesta (incluyendo cambios en el modo de elección y períodos de los magistrados) y discutir la posible eliminación o reducción de la reelección presidencial. Sobre este último punto, el presidente Juan Manuel Santos propuso hace unas semanas reemplazar la reelección por mandatos de cinco o seis años, en vez de cuatro.
EL PULSEO MÁS FUERTE
Pese a que había 2 mil 324 candidatos de 15 partidos políticos para ocupar las curules del Senado y de la Cámara (diputados y representantes, traducido al sistema panameño), el aspecto clave del día fue el pulseo entre los candidatos de los antiguos aliados y hoy enemigos políticos Santos y Uribe.
De la cantidad de curules que obtengan los candidatos al Senado de Uribe dependerá en buena parte el control político a las decisiones del gobierno de Santos, incluyendo la conformación de una coalición para un posible boicot a sus intenciones reeleccionistas y para, así, impulsar al candidato uribista, Oscar Iván Zuluaga.
Cuando votó, el exmandatario dijo que lo hizo en defensa de la democracia venezolana, el archipiélago colombiano de San Andrés, “contra el sanguinario Castro-chavismo que algunos quieren traer a Colombia, el Gobierno propicia y otros no evitan”.