Robert Gates acudió ayer a su primer día de trabajo con ganas de cambiar el rumbo del Pentágono, pero los expertos advierten que el barco que tripulará cambia lentamente de dirección y vaticinan que su luna de miel será "muy breve".
El nuevo secretario de Defensa de Estados Unidos goza, por el momento, de la confianza de republicanos y demócratas que ven en él a un funcionario pragmático dispuesto a impedir que el proyecto de Washington en Irak se vaya definitivamente a pique.
Pero Edwin Dorn, profesor de la Universidad de Texas y ex alto funcionario del Pentágono recuerda que "todos los nuevos cargos políticos disfrutan de un periodo de gracia que suele acabarse cuando el designado empieza a tomar decisiones difíciles".
Para el académico lo más importante es que Gates defina cuanto antes qué entiende por "éxito" en Irak y que lo haga en una forma "realista y cuantificable".
Dorn, al igual que la mayoría de analistas consultados, creen que los esfuerzos de Estados Unidos en Irak deben ir encaminados a edificar un país capaz de sostenerse y defenderse por sí mismo, lo que según los expertos equivaldría al ansiado "éxito" que persigue la Casa Blanca.
La retirada total de Irak y una guerra civil a gran escala serían sinónimos de "fracaso", según Kevin Ryan, un ex general de brigada que imparte ahora clases en la Universidad de Harvard.
Por su parte, Gates indicó durante su toma de posesión el lunes que el fracaso en Irak sería "una calamidad" que "pondría en peligro a los estadounidenses durante décadas".
Para impedir ese desenlace, el ex director de la Agencia Central de Inteligencia ha asegurado que estudiará todas las opciones sobre la mesa y que viajará a Irak "pronto" para reunirse con los comandantes estadounidenses en la zona.
Nadie sabe por el momento qué medidas defenderá Gates para evitar "el desastre", pero los que lo conocen le conceden el beneficio de la duda y destacan que su nombramiento supone el estreno de una nueva era en el Pentágono, más pragmática y menos ideológica. Creo, personalmente, que Gates es la persona adecuada para el cargo", señaló Gary Sick, un profesor de la Universidad de Columbia, en Nueva York, quien trabajó con Gates en el Consejo de Seguridad Nacional durante las presidencias de Jimmy Carter y Ronald Reagan.
"Es muy pragmático, le interesa mucho solucionar los problemas y no es un ideólogo", apuntó Sick, para quien la presidencia de George W. Bush ha sido una de las más "ideológicas" de la historia de Estados Unidos.
El académico aseguró estar "sorprendido" de que Gates aceptase el puesto de secretario de Defensa "en medio de semejante desastre", aunque según él la decisión parece demostrar que existe la voluntad de cambiar de rumbo en Irak.
Por lo demás, Gates sale muy bien parado en las comparaciones con su predecesor, Donald Rumsfeld, un personaje polémico y amante de la confrontación que tensó hasta el límite las relaciones entre civiles y militares en el Pentágono. "Muchos militares aseguraban en privado que era imposible lidiar con Rumsfeld", explica Sick, quien cree que Gates será capaz de mantener un diálogo más fluido con el estamento militar.
Uno de los momentos clave en sus relaciones con los generales estadounidenses podría llegar en breve, ya que el nuevo secretario de Defensa tendrá que decidir si aumentar o no el tamaño de las Fuerzas Armadas, una propuesta a la que se oponía Rumsfeld.
En resumen, los expertos concluyen que Gates ha heredado una situación muy difícil y va a necesitar mucha ayuda.
El nuevo titular de Defensa ha prometido que hará todo lo que esté en su mano, aunque ha alertado de que pese a sus buenas maneras y su tono conciliador no será un "florero".

