Aunque afortunadamente "Dean", el primer huracán de la temporada 2007, no provocó el saldo de muertes que se temía, sí mantuvo en vilo a los residentes en el Caribe y provocó pérdidas económicas por al menos 300 millones de dólares.
El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos señaló que fue el tercer huracán más intenso de la cuenca atlántica en tocar tierra desde que se lleva un registro de los ciclones en esta región, en la década de 1850.
La tormenta más mortífera que ha pasado por América Latina en tiempos modernos fue el huracán "Mitch", que dejó 11 mil muertos y más de 8 mil desaparecidos, la mayoría en Honduras y Nicaragua.
"Dean" fue uno de los pocos en alcanzar la categoría 5, la máxima en la escala Saffir–Simpson (lo que implica vientos desde 250 kilómetros por hora). Afortunadamente, eludió las grandes ciudades y cuando llegó a las plataformas petroleras mexicanas se diluyó hasta convertirse en depresión tropical.
Aunque menos grave de lo esperado, el huracán dejó a su paso por México 10 muertos y cerca de 75 mil damnificados. A ese saldo hay que sumar nueve muertos en Haití, seis en República Dominicana, tres en Jamaica, dos en Dominica y uno en Santa Lucía.
MEDIDAS ANTI DESASTRES
Según los expertos de las Naciones Unidas (ONU), lo que realmente ayudó a reducir la cifra de víctimas por el huracán fue la respuesta "satisfactoria" de las autoridades encargadas de la protección civil en los países del área.
Explican que en el pasado, muy pocas personas hubieran abandonado sus hogares o sus negocios por miedo a los saqueos. Ahora, ellos conocen el peligro que representan estos fenómenos naturales, luego de observar la devastación causada por el huracán "Wilma" en Cancún, en 2005, y por "Mitch", que mató a 11 mil personas en Centroamérica en 1998.
Margareta Wahlstrom, subsecretaria adjunta para Asuntos Humanitarios de la ONU, explicó que la disminución en el saldo de fallecidos se debe a una mejor preparación de las autoridades y a la disposición de las poblaciones a seguir sus indicaciones.
Casos como este demuestran la utilidad de establecer planes de emergencia y respuesta a desastres, como el que anualmente elabora la organización, junto a los gobiernos regionales en Panamá, antes del inicio de la temporada de huracanes en junio.
Wahlstrom explicó que gracias a la campaña, 73 mil personas acudieron a refugios en la península de Yucatán, antes de la llegada de "Dean". Seis mil 500 lo hicieron en Jamaica y 5 mil en Haití.
La funcionaria destacó el ejemplo de Cuba, donde generalmente la movilización de la población y la preparación de las autoridades logran reducir los daños que pueden causar los ciclones más intensos.
PREVENIR LAS PÉRDIDAS
En contraste con las bajas cifras de muertos, el saldo trágico de "Dean" fueron las pérdidas económicas que provocó: destruyó plantaciones de azúcar, cultivos de maíz y de plátanos, además de casas, edificios, sistemas eléctricos y de comunicaciones.
Solamente en el sector seguros, las pérdidas se calculan en no menos de 300 millones de dólares.
Aunque las autoridades mexicanas aún evalúan los daños que provocó el huracán en las zonas agrícolas, ganaderas, en los arrecifes y a las empresas, el secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, dijo que "hay afectaciones millonarias".
En las islas del Caribe, el mayor golpe lo sufrió el sector bananero. A causa de esto más de 19 mil personas perdieron, temporalmente, su única fuente de ingresos.
"La consecuencia es el desempleo masivo", dijo Jeffrey Hall, director gerente del Jamaica Producers Group, uno de los principales exportadores de banano de la isla.
Los cultivadores de banano no saben cómo recuperarse y se afanan por conseguir nuevas fuentes de ingresos.
Solo en Dominica, 15 mil trabajadores del sector se quedaron sin empleo después de que el huracán arrasara con 971 hectáreas, dijo Raymond Austrie, gerente de Dominica Banana Producers Ltd., una empresa privada que trabaja con los cultivadores locales.
En Jamaica, el huracán destruyó mil 416 hectáreas y dejó a 2 mil 500 desocupados.
Así las cosas, la subsecretaria adjunta para Asuntos Humanitarios de la ONU, Wahlstrom, señaló que ahora la tarea pendiente es cómo preparar las infraestructuras de los países para prevenir también las pérdidas económicas.
Con información de servicios internacionales.




