La hazaña del canopy permite que el turista con espíritu aventurero ascienda hasta la copa de los árboles para observar el bosque desde una perspectiva que no se puede apreciar en el diario vivir.
El mirar los bosques desde alturas que van desde los 15 a 50 metros es una rutina común para investigadores, científicos y fotógrafos, sin embargo, la actividad también apasiona a niños que acompañados por sus padres piden tener una experiencia en el vuelo entre los árboles.
En El Valle de Antón se puede vivir esa pasión por las alturas.
La práctica del canopy tiene sus fundamentos en el desarrollo de técnicas modificadas que han diseñado exploradores de cuevas y alpinistas, según las definiciones de revistas especializadas de este deporte extremo al aire libre.
Se usan cables que se sostienen amarrados entre los árboles y por donde se desliza la cápsula o sillín que lleva a la persona muy bien sujetada a gruesas sogas y tirante.
Según el ambientalista Mario Greco Bernal, de Panama Naturalist Guide, el canopy ayuda a conservar el bosque lluvioso brindando empleo a residentes del área que antes se dedicaban a la agricultura de roza y quema.
