La presencia de moscas y malos olores forman parte del escenario de la escuela de Playa Chiquita, ubicada en el distrito de La Chorrera, debido a su proximidad al vertedero.
No conforme con esta situación, los perros provenientes del basurero entran al centro educativo, infestando con pulgas cada rincón a pesar de las fumigaciones que periódicamente se realizan, señaló la directora Viodelda Caballero.
Para evitar esta situación, insistió en la necesidad de reconstruir la cerca de la escuela, además del cableado eléctrico, pues los salones de premedia y kínder carecen del servicio, mientras que en otros son frecuentes los cortocircuitos.
Caballero destacó que después de las lluvias, por muy ligeras que sean, el olor en la escuela es insoportable, además de que desde allí es fácil observar el ir y venir de los pepenadores en medio de los camiones que descargan los desechos.
LOCOMOCIÓN
Precisamente esos camiones recolectores son los que les sirven a los maestros para trasladarse al centro educativo, situado a menos de cinco minutos del vertedero y a 40 minutos del centro de La Chorrera.
Para esta área no hay transporte debido al mal estado de la carretera y a la escasa población.
Una de las maestras, que pidió la reserva de su nombre, contó que le ha tocado viajar apretada en la cabina de los camiones junto al conductor, al lado de los sacos de latas y otros materiales que recogen para reciclar.
Pese a estas condiciones, cuatro educadores suman esfuerzos para ofrecer educación a 80 estudiantes cuyas familias viven en pobreza extrema.
Una buena parte de estos niños asiste a recibir sus clases calzando chancletas, pues no hay para comprar zapatos.
