La invasión napoleónica a España en 1808 crea un vacío de poder ante la imposición de José Bonaparte como rey, frente a la caída de la monarquía española con la abdicación de Carlos IV y el refugio de su hijo, el nuevo monarca Fernando VII, en la isla de San Fernando, frente a Cádiz. España lucha por su propia independencia a través de la creación de los cabildos y ayuntamientos como base de la soberanía popular, basada en una tradición que suplía la posible desaparición del monarca.
Es así como España inicia su propia confrontación contra el invasor. En medio del asedio, España logra convocar una asamblea en Cádiz y, en pleno caos, expide una formidable Constitución de corte liberal, creando instituciones que ante los regímenes monárquicos de la época, eran revolucionarias.
Ese sentimiento constitucional es transmitido a las colonias, incluyendo Panamá, donde llegan 200 ejemplares de la Constitución de Cádiz, cuyos pobladores empiezan a desarrollar un pensamiento institucional, político e ideológico avanzado.
Además, la invasión napoleónica a la península ibérica había debilitado la comunicación con las colonias, creando una postración económica, sobre todo en Panamá, por lo cual el gobernador del istmo Juan Antonio de la Mata (1805-1812) decide abrir los puertos.
Asimismo, los levantamientos independentistas en la región cortan los caminos de Veracruz en México y de Buenos Aires y el Cabo de Hornos, en el sur, que impiden que la plata del Alto Perú y piedras preciosas desde México, fuesen enviadas a Europa.
Entonces España decide utilizar como paso obligado de esa riqueza a Panamá, lo que significó una enorme bonanza y progreso en el istmo, que duró una década, entre 1809 y 1819. O sea que, mientras las colonias se desangraban en las luchas de independencia contra el imperio español, Panamá tenía una boyante economía y una riqueza generalizada.
Hasta 1819, cuando Alexander Cockrane, en apoyo a los independentistas de Chile, sitia el Puerto de El Callao en Perú, suspendiendo la llegada de la plata a Panamá; luego, el escocés Gregor MacGregor ataca Portobelo, y finalmente, John Illingworth, capitán de las tropas de Cockrane, asedia la ciudad de Panamá y quema la isla de Taboga.
Estos tres hechos detienen el envío de riquezas a través del istmo, generando un enorme debilitamiento económico en los panameños.
Como el istmo pertenecía al Virreinato de la Nueva Granada y su capital Bogotá estaba en plena confrontación bélica de liberación, el virrey traslada su sede a Panamá. Llega Juan de Sámano, un hombre inflexible y agresivo, que comete toda clase de asedios a la población. Como tampoco reconoce la Constitución de Cádiz cuando fue reestablecida en 1821. Al morir, a principios de ese año, llega a Panamá Juan de la Cruz Murgeon, a quien España le prometió el cargo de virrey, pero solo si liberaba Ecuador de las fuerzas patriotas.
Antes de llegar a Panamá, Murgeon se detiene en Venezuela para reclutar tropas. Pero la reciente derrota realista en Carabobo se lo impidió. Sus hombres, además, se enferman de fiebre amarilla y llega a Panamá muy debilitado.
Entonces, envía a sus militares al interior del istmo, quienes llevan a cabo toda clase de tropelías, desde reclutamientos forzosos, asesinatos, violación a las mujeres, hasta que decide salir a Ecuador con el grueso del ejército que logró juntar.
Al quedarse en Panamá, muy pocos soldados realistas, con una población interiorana hostil frente a los desmanes de Sámano y Murgeon, sin eliminar tampoco la actitud en su momento de Fernando VII al suprimir desde 1814 la Constitución de Cádiz y sus avances democráticos cuando Napoleón es derrotado, los santeños deciden tomar la iniciativa y llevar a cabo el Grito de Independencia aquel 10 de noviembre de 1821 que, además, desemboca en el 28 de noviembre, cuando sin derramamiento de sangre, Panamá formaliza su completa y total desvinculación del gobierno español.
El autor es abogado
