Ruperto Miller y yo forjamos nuestra amistad oyendo noches enteras Radio Rebelde, trasmitida desde la Sierra Maestra de Cuba. Graduados en el Instituto Nacional, ingresamos juntos a la Universidad. Él a Arquitectura y yo a Humanidades. Pintó un excelente óleo del Che Guevara, que fue pasto de las llamas en un choque entre grupos de “la tendencia” del PRD y el Partido del Pueblo. Es una de las pocas personas que puede decir que metió una mano dentro de las fauces de un cocodrilo y no la perdió. Aunque estuvo a punto que así fuera por estar molestando al saurio que había en la pileta de la facultad de Ciencias Naturales asoleándose, y le metía y sacaba la mano hasta que el animal se la atrapó. Pudo sacarla ensangrentada y allí tiene una pulsera de cicatrices que le dejó los dientes del cocodrilo como recuerdo. Entre la acera y la calle de La Colina una vez fue atropellado y arrastrado por un auto que golpeó la bicicleta que montaba. Hospitalizado varios días en la sala 9 del Hospital Santo Tomás, la dejó apresuradamente porque necesitaban camas con urgencia para heridos que llegaban por una trifulca con estudiantes del Instituto Nacional en la Zona del Canal. Era el 9 de enero de 1964. Yo me encontraba con Vitito Ávila y otros universitarios en la entonces avenida 4 de Julio.
Omar Peña se destacó por sus acciones en las calles durante la gesta heroica del 9 de Enero. Aunque al frente de la rebelión de las masas contra la agresión zoneíta y policíaca militar estadounidense aparecía la Federación de Estudiantes de Panamá y la Unión de Estudiantes Universitarios de la Universidad de Panamá, detrás estaba la “intelligentzia” del Partido del Pueblo, evaluando y decidiendo cada paso que se daba ante la gravedad de los acontecimientos, cuidando que ni la espontaneidad incontrolable de las masas, por un lado, ni el aventurerismo de los grupos ultraizquierdistas, llamados “cabeza-calientes”, por el otro, llevarán a una masacre de miles de panameños por el fuego del ejército estadounidense y de la policía zoneíta y de zonians. Entonces, Víctor Ávila Ducasa era el secretario general de la FEP y yo era miembro de su Comité Ejecutivo Federal, con el cargo de subsecretario Nacional de Organización. El secretario nacional era el compañero Tomás Herrera Cáliz.
Esos días de lucha nos tomaron el pulso. Carmelo Dueñas Falco, a quien llamábamos Palula, igual que el resto de nosotros íbamos y veníamos de la línea de fuego de la Avenida 4 de Julio, ninguno con armas, excepto Omar Peña, y participábamos en escaramuzas que organizó, dirigió y realizó el Partido, por aquel entonces cuando, instalado su cuartel de operaciones en el Instituto Nacional, recibíamos instrucciones de Pedro D’Tresno. Finalmente, la presión de las muchedumbres en todas las calles del país obligó al presidente Roberto Francisco Chiari a romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo. Ningún país latinoamericano había hecho eso hasta entonces. A partir de ahí las cosas cambiaron.
Comparto lo anterior como extracto de mi novela autobiográfica Nostalgia Azul, libro de relatos vivenciales de calle 13 oeste Santa Ana y acontecimientos históricos nacionales. Tributo al arrabal capitalino de los años 60-70’s, a la generación de la descolonización.
El autor es docente universitario