Desafiando el dogma revelado por T. S. Eliot en su fundamental poema La tierra baldía, el presidente Barack Obama pasará abril, “el mes más cruel”, viajando de cumbre en cumbre.
La primera fue en Londres, con los dirigentes de los 20 países que generan el 80% de la riqueza mundial y si bien es cierto que la reunión salió mejor de lo que se esperaba, la respuesta a los planteamientos de Obama fue mixta. Rica en el cambio de percepciones aunque pobre en lo sustantivo.
El Presidente cumplió a la perfección con uno de los propósitos centrales que le llevaron a la Cumbre, mostrarle al mundo que el Presidente de Estados Unidos (EU) no es más el arquetipo del Ugly American, ese palurdo, arrogante, patán y belicoso de los últimos ocho años. Hoy, en la Casa Blanca hay un hombre inteligente y sensible que propone, que sabe y que quiere escuchar a los demás.
Desafortunadamente, el estrecho criterio de la Francia de Nicolás Sarkozy y la Alemania de Angela Merkel impidió que los participantes apoyaran la expansión fiscal que el estadounidense considera, acertadamente, es necesaria para capitalizar al sistema bancario y reactivar la economía global.
Lo positivo, fue la decisión de inyectarle nuevos fondos al Fondo Monetario Internacional, un poco más de mil millones de dólares, que la institución pondrá a la disposición de ciertos países con economías sanas para manejar los posibles efectos de la crisis actual.
De Londres, Obama viajó a la frontera entre Francia y Alemania a la Cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte a pedir más apoyo europeo en la lucha contra los terroristas de Al Qaeda en Afganistán. Y si bien es cierto que el problema terrorista ha empeorado, en gran parte por los graves errores que cometió la administración estadounidense anterior, no es menos cierto que el avance de Al Qaeda en Afganistán y su penetración en Pakistán hoy representa una amenaza para el mundo entero y no solo para EU. La respuesta europea, otra vez, fue insuficiente. A pesar de los elogios a la nueva estrategia norteamericana, Europa quiere que EU pague la mayor parte del costo de la defensa de los países occidentales en su lucha contra el terrorismo.
De Estrasburgo viajó a Praga donde fue aclamado por las multitudes, y de ahí a Ankara y Estambul para una mini cumbre cuyo propósito era apoyar las aspiraciones turcas de incorporarse al continente europeo y resaltar su privilegiada situación geopolítica como puente con los países musulmanes.
Donde quiera que anduvo el joven Presidente norteamericano, la gente común y corriente se volcó a la calle buscando satisfacer su Obamanía. Los testimonios recogidos en las calles de Estambul son emblemáticos. “Yo no tengo nada contra Obama, estoy en contra del imperialismo norteamericano”, dijo un joven turco entrevistado por el Financial Times.
Esta semana, el Presidente se baja del avión para subirse al púlpito desde el que tendrá que seguir batallando para intentar resolver los problemas de las obsoletas industrias nacionales ante un Congreso que no sabe bien su trabajo; una izquierda atrincherada en la academia, la prensa y en el movimiento obrero que le atosiga exigiéndole les retire el salvavidas a los ineptos banqueros, a los inútiles directores de empresas y al resto de las sanguijuelas que quieren preservar sus privilegios saqueando las arcas públicas y una derecha descerebrada, paralizada y fantasmagórica.
A mediados de mes, las cumbres de Obama culminarán en Puerto España, con la Cumbre de las Américas y la gran pregunta es si tal y como ha sucedido con su gira por Europa, la imagen de EU empezará a mejorar por todo el continente tan solo por la presencia física del Presidente o si se lograrán avances sustanciales en las relaciones hemisféricas. Mis predicciones serán el tema de la próxima columna.