Omar R. Goncebat de EFE Hasta hace poco, nadie ponía en duda que el aceite de oliva es un ingrediente clave de toda dieta saludable, debido a su alto contenido en grasas monoinsaturadas, consideradas más sanas para el corazón que las grasas poliinsaturadas que contienen otros aceites comestibles, como el de maíz.
Un amplio estudio efectuado el pasado año por el epidemiólogo Christopher Gardner, de la Universidad de Stanford, de Estados Unidos, en el cual pasó revista a 14 macro estudios anteriores sobre la grasa y la salud, le hizo llegar a la conclusión de que no hay diferencia tanto si se utilizan grasas poli o monoinsaturadas, como si se ingiere aceite de maíz o de oliva.
Cuando se trata de colesterol LDL, considerado perjudicial, o de colesterol HDL, saludable, todos los aceites embotellados parecen igual de buenos. Lo que importa son las grasas saturadas que ingiera una persona, sostiene este experto estadounidense.
Hasta la década de los 80, los médicos prohibían el aceite de oliva y el pescado azul a aquellas personas que presentaban algún problema cardiovascular, y les recomendaban ingerir aceite de maíz o de girasol. Hoy sucede lo contrario.
Los facultativos aconsejan consumir aceite de oliva, debido a que mantiene o aumenta la concentración del colesterol HDL, que es beneficioso para la salud y cuya presencia en la sangre es necesaria, a la vez que contribuye a reducir la concentración del colesterol LDL, perjudicial para el organismo. Esta relación ayuda a prevenir las dolencias coronarias.
El cambio de criterio fue posible a raíz de un estudio efectuado por Ancel Keys en siete países europeos, a finales de la década de 1950, pero que comenzó a divulgarse hace poco más de 10 años. En dicho estudio comparaba el estado de la salud de los habitantes de la cuenca mediterránea con los del norte.
La división de Europa, en términos absolutos, entre consumidores de grasas animales al norte, y consumidores de grasas vegetales al sur, coincidió con una mayor frecuencia y proliferación de males cardiovasculares entre los primeros, y una baja incidencia de esos trastornos, entre los segundos.
El estudio de Keys, inventor de la ración K del ejército americano, descubrió los beneficios de la dieta mediterránea, y situó al aceite de oliva como su estandarte, sobre todo por su carácter diferenciador respecto a otras dietas.
Para algunos especialistas la estrella de las grasas monoinsaturadas está llegando a su fin, pero lo cierto es que los estudios científicos y las opiniones de los expertos, se siguen inclinando a favor de los efectos saludables de la dieta mediterránea y de su ingrediente clave: el aceite de oliva.
