[CARTAS DESDE EUROPA]

Desde África

Se supone que los humanos permanecieron en suelo africano durante más de la mitad del tiempo transcurrido desde que existió el primer hominino.

La discusión acerca de cuál fue el origen del linaje humano, si Asia o África, ha formado parte del panorama de la antropología durante las últimas ocho décadas. A la cuna de Pakistán, apuntada en los años 30 del siglo XX, le siguió —gracias a los descubrimientos de Sudáfrica primero y el vall del Rift después— un consenso bastante generalizado acerca del origen africano durante la época de oro de la paleoantropología.

“Desde África” se llama la hipótesis que sitúa en ese continente no solo la aparición de los primeros homininos apartados hace siete millones de años, a finales del Mioceno, del linaje de los chimpancés, sino el nacimiento también de nuestra propia especie, Homo sapiens. Se supone que los humanos permanecieron en suelo africano durante más de la mitad del tiempo transcurrido desde que existió el primer hominino. Hubo que esperar al entorno del millón y medio de años para que la especie Homo erectus emprendiera un viaje de descubrimiento que le llevó a los confines de Asia y, más tarde, Europa.

Ese esquema fue puesto en duda a partir del año 2000 gracias los trabajos de los antropólogos como Gabunia, Vekua y Lordkipanidze al estudiar los ejemplares del yacimiento de Dmanisi, Georgia. Con 1.77 millón de años, es decir, una edad muy cercana a la de los primeros Homo erectus, los homininos de Dmanisi muestran un cerebro muy pequeño y disponen de unas herramientas más antiguas que las de la cultura achelense, típica de los erectus africanos. La salida hacia Asia habría tenido lugar, pues, antes de que el Homo erectus apareciese en África.

Acaba de publicarse ahora una revisión de Dmanisi realizada por Reid Ferring, de la Universidad de North Texas, y sus colaboradores —que incluyen a Vekua, Lordkipanidze y el español Jordi Agustí—, quienes retrasan hasta 1.88 millón de años la edad del yacimiento.

Eso quiere decir que los humanos salieron de África antes de lo que se suponía, mucho antes de que los Homo habilis hubiesen evolucionado hacia Homo erectus. Esa convicción aclara un enigma histórico planteado por Hallam Movius en 1948: aunque durante el Pleistoceno Medio existen en Asia ejemplares muy parecidos a los de los erectus africanos, los asiáticos no dispusieron nunca de las elegantes y eficaces herramientas de la cultura achelense.

¿Cómo puede explicarse esa carencia, si estamos hablando de la misma especie? Es fácil hacerlo si resulta que el primer viajero fue el Homo georgicus. Sus sucesores, aunque parecidos a los africanos, debieron permanecer ajenos a estos y a sus logros culturales. De no ser tan similares las formas asiáticas y africanas del entorno de un millón de años, o incluso millón y medio de edad, el enigma se habría resuelto.

Queda por explicar cómo puede haber tenido lugar una evolución separada del todo en términos culturales pero muy parecida por lo que hace al aspecto físico. En cualquier caso, de lo que no cabe duda es del origen africano de los humanos tanto de los actuales como de los más remotos.


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