Alemania tiene un agujero de hasta 400 mil profesionales, sobre todo en los ámbitos de ingeniería, asistencia social y medicina. Los inmigrantes residentes en Alemania son la solución. Así lo afirman el presidente de la Cámara de Industria y Comercio alemana, Hans Heinrich Driftmann, y la ministra de Educación, Annette Schavan, entre otros. En el bullicio del debate xenófobo aparece la paradoja.
Mientras Alemania se enzarza en el debate contra la inmigración, que la crisis sirve como plato caliente al público como compensación y consuelo por el impune fraude financiero que ha esquilmado sus presupuestos, la ministra de Educación revela que solo los inmigrantes pueden llenar una carencia de profesionales que le cuesta anualmente al país el 1% de su PIB.
El agujero de 400 mil profesionales se puede llenar, en gran parte, con inmigrantes que ya viven en Alemania. Se trata de integrar en el mercado laboral a esos médicos rusos que trabajan de enfermeros, a las pedagogas ucranianas que hacen faenas domésticas y a los ingenieros árabes o persas que friegan platos en restaurantes o conducen taxis. Se estiman en unos 300 mil y vienen como anillo al dedo para suplir esa carencia que lastra la economía, dice Schavan, íntima colaboradora de la canciller Angela Merkel.
Mientras el líder bávaro Horts Seehofer afirma que Alemania no es un país de inmigrantes y la canciller proclama el fracaso total del multiculturalismo, sin rechazarlo, Schavan dice que no es la inmigración lo que debería molestarnos, sino la marcha de emigrantes, porque si no hacemos nada, la escasez de mano de obra cualificada se convertirá en el mayor freno para el crecimiento. Su ministerio anuncia un proyecto de ley para dinamizar la incorporación profesional de inmigrantes con gran cualificación.
Es más sencillo encontrar el tesoro oculto en nuestro país que buscar nueva fuerza de trabajo en tierras lejanas, dice la ministra de Educación en declaraciones al Financial Times Deutschland. Su pacto: “Esperamos de los inmigrantes que acepten nuestros valores, y ellos por su parte pueden esperar que reconoceremos su cualificación”.
Paralelamente se elevan voces contra el conflicto de civilizaciones y valores al que se han entregado algunos políticos. Entre menciones a los valores cristianos en el discurso sobre la inmigración y su integración en Alemania, el secretario general de los liberales, Christian Lindner, subrayó la independencia de los valores republicanos y constitucionales respecto de la religión. El cristianismo no es la religión de Estado de Alemania, sino una opción personal de sus ciudadanos, puntualizó.