El diccionario de la RAE define a la psique como sinónimo de alma. Sin embargo la connotación de la primera se acerca más a la interpretación material-cientificista que a la espiritual-religiosa de la segunda. Es indudable que para la mayoría de la gente -aun para los espiritualistas puros, como los budistas, que niegan la materia y van en busca del estado de abstracción absoluta, del nirvana- el cerebro no solo es el órgano de la percepción sensorial y de la actividad motriz del cuerpo, sino donde se efectúan las funciones abstractas, incluidas dentro del amplio nombre de mente, psique o alma. Espíritu se refiere, en cambio, a la parte racional del alma, la del proceso cognoscitivo.
El tema de la dualidad entre cuerpo y alma como esencia del ser humano tiene que ver con las antiguas teorías platónicas que aún hoy permanecen vigentes debido, principalmente, a la expansión de las religiones occidentales monoteístas. En algunos países de Oriente la consubstanciación de cuerpo y alma es tal, que una se transforma en la otra. Como la energía eléctrica y la computadora. Sabemos las casi infinitas posibilidades que nos brinda este instrumento, pero sin la energía que lo haga funcionar, la una y la otra no tendrían significado alguno en cuanto al desarrollo de la ciencia cibernética se refiere. Curiosamente, y quizá no por casualidad, la cibernética comprende también el estudio del funcionamiento de las conexiones nerviosas en el ser humano. De modo tal que no es de extrañar que el procedimiento que hace funcionar al pensamiento tenga una base biofísico química parecida aunque muchísimo más compleja que la mera interacción entre chips y bites.
En realidad no creo que eso tenga importancia metafísica alguna. Podrá confirmarnos lo que los neurólogos saben desde hace tiempo, que en el lóbulo frontal reside gran parte de la actividad intelectual y que daños o manipulaciones en esos centros hacen que de sapiens retornemos a macacus. Lo que creo fundamental no es dónde reside el alma, sino su existencia y funcionamiento. ¿Qué seríamos sin ella? Probablemente lo que Tillich quiso decir y la señora creyente no supo comprender. O a la inversa, lo que Tillich no supo comprender y la señora no necesitó saber, pues su fe le bastaba para funcionar de la misma forma que la psique, el alma o el espíritu del profesor estadounidense.
Creo que si bien podemos relegar la dualidad de cuerpo y alma, tal cual los platónicos o neoplatónicos adscriben, nadie negará sin recelo la existencia de dos mundos que conviven, el racional y el irracional. Sin ellos debiéramos negar la existencia del arte, la sensación que nos provoca la belleza, la exaltación del sentimiento amoroso o la abolición de las objeciones racionales ante el impulso del suicido sublimado o de la eutanasia solicitada por el enfermo a quien el sufrimiento de cuerpo y mente ha terminado por destruir no solo su calidad de vida sino la percepción de su propia dignidad humana. No es, pues, donde vive el alma lo que importa, sino su existencia y su función, llámesele como se quiera, mente, psique o ubris. Sin ella el emperador Adriano no hubiera podido dedicarle el poema que la mía considera el más bello jamás escrito:
"Animula, vagula, blandula / Hospes conesque corporis / Quae nunc abibis in loca/ Pallidula, frigida, nudula, / Nec, ut soles, dabis joca".
"Amable, pequeña y huidiza alma mía / Huésped y compañera de mi cuerpo / ¿Adónde irás ahora / Pálida, fría y desnuda / Sin inspirar, como antes, alegría?".
