El latigazo de las entrañas de la Tierra que golpeó a Chile recuerda que América Latina es una región muy expuesta y vulnerable a los terremotos. El sismo que el sábado enlutó Concepción es el último en una larga lista de temblores que en los últimos 50 años han causado cientos de miles de muertos.
América es tierra de terremotos. El mapa sísmico muestra que una línea roja recorre desde Alaska hasta la Patagonia, bordeando sus costas del Pacífico para llegar al Caribe. En su devastador camino se encuentran San Francisco, Los Ángeles, Santiago, La Paz, Lima,
Quito, Ciudad de México, Bogotá, Caracas, islas antillanas y todos los países centroamericanos.
Desde el sismo del 18 de abril de 1906 que destruyó San Francisco, América no ha dejado de temblar. El continente posee el récord mundial del más intenso terremoto jamás registrado, de 9.5 grados en la escala de Richter, que se produjo el 22 de mayo de 1960 en Valdivia (840 km al sur de Santiago de Chile) y causó 3 mil muertos. El territorio chileno es muy sísmico, al encontrarse en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, que pasa también por Japón, la costa peruana y la de California.
Chile ocupa un territorio de alto riesgo por estar situado al borde de una zona de choque entre dos gigantescas placas tectónicas que convergen a una velocidad de ocho centímetros por año: la de Nazca, sobre la que asienta la porción del océano Pacífico que baña las costas sudamericanas, y la Sudamericana, que sostiene a América del Sur y a parte del Atlántico. En 1835, Charles Darwin fue testigo de un fuerte temblor en esta área, que observó durante su viaje en el Beagle.
Alejandro Giuliano, director del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres) de Argentina, explica al diario La Nación de Buenos Aires que la placa de Nazca tiene un permanente movimiento de subducción por debajo de las placas continentales. Cuando entre las dos se junta mucha energía, una se desliza por debajo de la otra y se producen los temblores.
Con sismos tan destructivos como los de Haití y Chile, la gente se pregunta por qué no se pueden predecir, si cientos de científicos monitorizan los movimientos telúricos con el material más moderno. Los especialistas coinciden en que, a pesar de los adelantos tecnológicos, la ciencia aún no logra anticipar dónde, cuándo y con qué fuerza ocurrirán los tan temidos terremotos.
Hasta hoy no se conocen con precisión los parámetros que interactúan para originar un terremoto y cuantificar en forma temporal la energía que se acumula en las placas tectónicas y cuándo se va a romper la roca para liberar esa energía en forma elástica. Los expertos advierten que lo único que se puede hacer es construir casas antisísmicas, porque los temblores no se pueden predecir ni detener.