Hace un tiempo escribí que “la cúpula interina del PRD había lanzado un grito al cielo porque, supuestamente, el presidente de la República quería dejar a sus principales dirigentes solo con la piel de los dientes”. (La Prensa, 10/01/2010). Reflexión que viene a lugar en estos momentos en virtud de la parafernalia politiquera reanudada por los líderes del CEN transitorio, dada la denuncia pública de la vinculación –a algunos de ellos ya se les ha incoado procesos penales- de altos funcionarios de las administraciones presidenciales de Pérez-Balladares y de Torrijos Espino, con supuestos hechos punibles.
La realidad es que una vez se reabrió el proceso criminal relacionado con el Centro Multimodal Industrial y de Servicios (CEMIS) surge el anodino guión político: “que se trata de una persecución política y un intento por hacer desaparecer al PRD” y que ambas situaciones afectan la institucionalidad política.
Falaz tesis tras la cual se oculta el verdadero propósito de los amanuenses de los grupos oligárquicos que han secuestrado al partido de Omar, el cual corresponde a la concepción del gamonalismo de los partidos políticos, opinión donde solo cuentan los de arriba porque los cientos de miles de humildes prosélitos son cosificados como un número o “ficha”, en dos palabras: clientela política.
De manera que es absolutamente impropio o absurdo sostener que el ejercicio de la justicia o del imperio de la ley, en un estado de derecho, pone en peligro la institucionalidad democrática. Al contrario, lo que tiene contra la pared al PRD “es la impunidad de la cual, hasta ahora, se han valido personajes de alto vuelo social, económico y político, los cuales difícilmente podrían justificar el origen de su riqueza que hoy exhiben y que constituye un verdadero insulto a los panameños de a pie”. Como también la especie de anoxia política que impide la inclusión del elemento modernizador y renovador, capaz de oxigenar el tejido social y político del partido que nos legara Antonio Yepes De León.
En el fondo, la pretensión de los caciques del PRD, con el objeto de desvirtuar la realidad, es la yuxtaposición de dos imágenes –la ley y la política- lo cual constituye una verdadera diplopía política. ¡Así de sencilla es la cosa!