Alguna vez se han preguntado ¿cómo pudieron los expertos financieros conducir al mundo hasta que saltara por el precipicio? Una explicación es que los denominados expertos resultan ser, en muchas situaciones, una fuente pasmosamente pobre de experiencia. Hay evidencia de que lo que importa para hacer un firme pronóstico o decisión no es tanto el conocimiento o la experiencia sino el buen juicio; o para ser más precisos, la manera en que funciona la mente de la persona.
En primer lugar, reconozcamos que incluso las personas con alto nivel de inteligencia, de cuando en cuando, se dejan arrastrar por lo que, al parecer, es un experto. El mejor ejemplo del asombro respetuoso que inspira un experto es el efecto del Dr. Fox. Su nombre está ligado a una serie de experimentos de psicología en los que se pagaba a un actor para que ofreciera una presentación, carente de sentido, ante educadores y profesionales.
El actor fue presentado como el Dr. Myron L. Fox (no existía una persona con este nombre) y fue descrito como una eminente autoridad en la aplicación de las matemáticas. Él pronunciaba una conferencia sobre la aplicación de la teoría del juego matemático a la educación del facultativo, que no tenía sentido alguno y carecía de sustancia. Sin embargo, fue pronunciada con calidez y abundaron las bromas e interesantes neologismos.
Luego se distribuyeron cuestionarios entre los concurrentes para que calificaran al Dr. Fox. “Excelente presentación, disfruté escucharla”, escribía uno. Otro protestaba: “Una presentación demasiado intelectual”.
Un estudio diferente ilustraba de otra manera esta genuflexión a los expertos. En él, se encontró que un presidente que aparece en televisión para exponer un argumento influye sobre la opinión popular sólo de manera insignificante, en menos de un punto porcentual. Sin embargo, los expertos que son presentados en televisión pueden lograr un movimiento superior a tres puntos porcentuales en la opinión popular, debido a que al parecer son confiables o autoridades imparciales.
¿Pero, realmente están en lo correcto los expertos?
El experto en expertos es Philip Tetlock, catedrático en la Universidad de California en Berkeley. Su libro, Experto juicio político, se fundamenta en dos décadas de haber seguido de cerca 82 mil predicciones por parte de 284 expertos. Llevó un registro de los pronósticos de expertos, tanto con base en los temas de sus especialidades como en los temas de los cuales sabían muy poco al respecto.
¿El resultado? Las predicciones de expertos fueron, en promedio, ligeramente mejores que las suposiciones al azar; el equivalente de un chimpancé lanzando dardos a un tablero.
“Prácticamente no había diferencia si los participantes tenían doctorados, si eran economistas, politólogos, periodistas o historiadores, si tenían experiencia política o acceso a información confidencial, o si habían acumulado muchos o pocos años de experiencia”, escribió Tetlock. De hecho, el único factor de predicción fue la fama; y era una relación inversa. Los expertos de mayor fama obtuvieron peores resultados que los desconocidos. Eso se relacionaba con un defecto en los medios de comunicación. Los agentes de talento para programas de televisión y reporteros tendían a convocar a expertos que proporcionaban puntos de vista firmes y coherentes, quienes veían las cosas en blanco y negro. Personas que gritaban ... sí, como Jim Cramer.
Tetlock se refirió a expertos como los anteriores en términos de los erizos, con base en una famosa distinción del difunto Isaías Berlín (mi filósofo favorito) entre erizos y zorros. Los erizos son proclives a una visión centrada del mundo, una tendencia ideológica, firmes convicciones; los zorros son más cautelosos, más centristas, con mayores probabilidades de ajustar sus opiniones, más pragmáticos, más tendientes a dudar de sí mismos, más inclinados a ver la complejidad y los matices. Y resulta que, si bien los zorros no ofrecen grandes comentarios para citas, tienen probabilidades mucho mayores de hacer las cosas bien. Esta era la distinción de mayor importancia entre los pronosticadores, no si tenían experiencia. En general, los zorros obtuvieron resultados considerablemente mejores, tanto en áreas que conocían bien como en las que no.
Otros estudios han confirmado la idea general en el sentido de que se atribuye demasiada importancia a la experiencia. En un experimento, psicólogos clínicos no obtuvieron mejores resultados que sus secretarias en sus diagnósticos.
Por ahora, el mercado de ideas no elimina a fondo a los malos expertos y las malas ideas debido a que, en parte, no existe una rendición de cuentas. Celebramos con bombos y platillos nuestros éxitos y pasamos por alto nuestros fracasos; o intentamos explicar que el fracaso no cuenta porque la situación cambió o que nosotros estamos esencialmente en lo correcto, pero la sincronía falló.