Es cada vez más común que en todas partes del planeta se venga desarrollando una campaña sistemática y constante en contra de las creencias espirituales del ser humano y muy especialmente de las creencias religiosas. Ello se debe en gran medida a la multiplicidad de descubrimientos que los científicos han hecho y que permiten despejar dudas, afirmaciones y hasta supersticiones que el hombre mantenía sobre los distintos aspectos del universo. Si bien es cierto que lo que se consideró imposible e inalcanzable es hoy una realidad, que los primeros descubrimientos importantes fueron considerados actos de hechicería y que la religión fue un obstáculo para el avance científico, no es menos cierto que el principio de todo no ha podido ser explicado por ser humano alguno, solo por las meras definiciones técnicas que se vierten.
Es más fácil controlar a las masas que no creen en nada, que a las que respetan a un dios, aunque sea invisible. Los ataques que se le hacen a las creencias religiosas, sea cual sea la religión, no provienen de otras religiones, sino de los no creyentes, que consideran al ser humano como invencible, inescrutable y superior a cualquier organismo viviente, y que necesitan confundirnos para penetrar mejor en nuestras mentes y nuestras vidas, a través de un temor constante hacia situaciones que no existen. Atribuyen hechos catastróficos a castigos divinos o guerras religiosas para que perdamos la fe propia u odiemos a otras religiones, pues es más fácil causarle temor al ser humano, que alegría; es más fácil preocuparlo que hacerle reír. Les resulta sencillo hacernos creer que otra religión nos odia, que hacernos entender que las creencias de una religión en nada afectan nuestras creencias propias. Al final se trata de inducirnos para que penetremos en un carril que, en el nombre del consumismo amoral, solo beneficia económicamente a pocos, tirando a la mayoría a una ignorancia que les permita controlarnos.
Observen, por ejemplo, los noticieros de cualquier canal, las principales informaciones tocan actos de violencia o guerra, cuando la realidad es otra. Las buenas noticias son más que las malas, pero no venden y no influyen, porque hemos sido guiados para estar pendientes de la fatalidad con un solo fin: el que tengamos miedo, perdamos la fe en Dios y mantengamos una ignorancia sobre las realidades.
Ahora bien, voy a darme a la tarea de analizar varios de los argumentos que utilizan los que adversan a la religión católica, única que conozco bien, para que aquellos que la profesan sepan cómo defenderla.
Primero, es cierto e innegable que la religión católica ha cometido errores a lo largo de su existencia, como la Inquisición, el cobro de indulgencias, la creación de ejércitos guerreros y la forma violenta como se impuso en América, entre otros. Pero no es menos cierto que la Iglesia está constituida por hombres y, como tal, somos imperfectos y pecadores. ¿Es acaso el sacerdote o el creyente, por solo serlo, un santo? ¿Se convierte en divino aquel que profesa una religión o es un ser humano común y corriente capaz de pecar, ser tentado y fallar? Sin embargo, como creyentes de cualquier religión buscamos la perfección y el cumplimiento de sus dogmas.
Una de las acusaciones constantes que recibimos es que la religión católica es politeísta, porque creemos en la trinidad, en la virgen y en los santos. La verdad es que nuestra religión es monoteísta, pues creemos en un solo Dios. Los otros son seres espiritualmente superiores a nosotros que utilizamos como mecanismos para llegar al supremo.
En Panamá se nos acusó de querer imponernos, inclusive a nivel constitucional, argumentando que al hacerlo no se toma en consideración al resto de las religiones. Obsérvese que lo primero que buscan los que plantean esa teoría es ponernos en conflicto con otras religiones. Pero al margen de eso, debo indicarles que si nos remontamos a los inicios de nuestra República, el tema religioso no fue incluido en el acta de independencia y que fue una decisión de nuestros constituyentes, a todo lo largo de la historia del país, incluir en cada una de las constituciones y sus reformas el reconocimiento a la religión católica como la principal de los panameños. Son estos legisladores quienes representan a un pueblo, por ende, no ha sido una mera situación antojadiza de un grupo.
Los opositores al catolicismo afirman que quienes lo profesamos lo hacemos, porque nuestros padres nos lo inculcaron, en muchos casos, de forma obligada. A ellos les respondo que en el catolicismo hay varios pasos a seguir que buscan reafirmar lo que cada uno de los seres anhela hacer. Primero viene el bautizo, allí los padres sí toman una decisión por nosotros, pues a esa edad no estamos en capacidad de discernir nada. Después viene la primera comunión y todavía es la voluntad de nuestros padres la que prima. Finalmente, viene la confirmación que es cuando en determinada edad se le cuestiona al ser humano si desea continuar por el camino que nuestros padres escogieron. Por supuesto habrá quien diga que inclusive en ese instante todavía existe presión de los padres frente a los acontecimientos personales, pero ello no es eterno y mi camino lo puedo variar en cualquier momento de mi existencia, ¿o es que acaso el libre albedrío no se aplica para los cristianos?
Los mayores adversarios son aquellos que ponen en duda los Evangelios de la Biblia. Aquí debo admitir que ellos han manejado la situación con mucha astucia y la Iglesia ha fallado en defenderse, de forma contundente, de las acusaciones. Por ejemplo, cuando se cuestionan ciertos hechos de la Biblia la Iglesia contesta que no se debe tomar la escritura literalmente, sino que se debe hacer una interpretación de los acontecimientos, pero cuando se habla de otros escritos de la Biblia, entonces dice la Iglesia que allí se debe entender tal y como está expresado. Ahora bien, para que estemos claros, el cristianismo no consiste en tener fe en la historia de Jesús, es una filosofía de vida y preceptos para conocer cómo llevar nuestras vidas y las relaciones con otros seres humanos.
Sumergidos en la ignorancia religiosa nos vencerán los enemigos que quieren mantenernos en la oscuridad. Créanme, las supuestas diferencias existentes entre los católicos y los seguidores de otras religiones no son tales. Eso es de lo que precisamente nos quieren convencer.