GOBIERNO

Balance de coyuntura: Antonio Saldaña

Análisis de coyuntura es el que se realiza tomando en cuenta variables políticas, económicas y sociales en el corto plazo. No atiende a los males estructurales, sino a los del objeto de estudio y momento. El pasado 4 de mayo se cumplió el primer aniversario de la elección de Juan Carlos Varela, como presidente de la República, y y los 10 meses de su administración. Transcurrido este período, ya podemos sacar conclusiones sobre el rumbo que seguirá la nación en el presente quinquenio.

Las actuaciones del gobierno demuestran que es falso que haya un antes y un después del régimen Varela. Esta aseveración de los áulicos del Palacio de las Garzas es una utopía que se esgrime políticamente para justificar los desaciertos de la jefatura, pues en realidad solo se produjo un cambio: se trocó una fracción de la oligarquía por otra en el poder político del Estado. El discurso no trasciende la proclama electorera ni el clientelismo político. Los principales actores, por supuesto gente de la oligarquía o sus amanuenses, al decir del general Omar Torrijos, “no están pensando en las futuras generaciones, sino en las próximas elecciones”. Es decir, carecemos de estadistas y, en su lugar, hay simples políticos de paparrucha y “rapeadores” de las futuras elecciones.

Mientras tanto, los graves problemas sociales y de servicios públicos se incrementan. Por ejemplo, la propuesta electoral y de gobierno de “cero letrinas y agua potable 24/7, 365 días del año en todo el país”, no pasó de ser un embuste más. Todos los días, durante estos 10 meses de gobierno, un número plural de comunidades y de personas se han manifestado en las calles y avenidas para clamar por agua potable. El sistema educativo y el inicio de clases fueron un desastre. Más del 50% de las escuelas presentó algún problema, ni hablar del equipamiento ni del contenido curricular.

Los centros médico-hospitalarios y clínicas de atención primaria carecen de medicamentos y especialistas; el sistema de atención continúa siendo arcaico y, sobre todo, no hay voluntad política para terminar con el costoso sistema dual de atención médica, Minsa/CSS. Pero la madre y padre de todos los males que aquejan a los panameños de a pie, es la provisión de agua potable y el servicio de transporte masivo terrestre de pasajeros, sobre todo, en el área metropolitana. Para variar, el gobierno no define la orientación que tendrá–o al menos no lo ha hecho público– un servicio estratégico, como el hídrico. El establishment oligárquico dio inicio al supuesto proceso de transformación del Idaan, hasta llevarlo a la “Autoridad del Agua”, con un traspiéético, pues colocó a un pariente del Presidente en el cargo de dirección general, en un acto de nepotismo.

Por otro lado, el gobierno tampoco da muestras de voluntad política para terminar con una de las trapisondas del pasado régimen, el transporte del área metropolitana, rescindiendo un contrato a todas luces leonino y mal concebido. Y, mientras los mandones de turno deciden qué hacer con el Metro Bus, 700 mil panameños sufren el calvario diario de un sistema de transporte público deficiente e ineficaz. ¡Así de sencilla es la cosa!


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