El otro día, almorzando en Can Masoliver, me paré a admirar una estantería que se encuentra en el pasillito entre el salón principal y el bar: específicamente, lo que estaba admirando eran las botellas de cava Segura Viudas, esas que son elegantísimas, con un escudo de armas en peltre, y un pesado fondo del mismo material.
Y por supuesto que lo primero que se me ocurrió es que si alguna vez me meto en una pelea de bar, sería utilísimo tener una de esas botellas a mano.
Y es que las botellas son utilísimas para muchas cosas, como todos sabemos.
Ya desde tiempos prehistóricos, hacíamos botellas de paja tejida y recubiertas de una especie de asfalto, o luego, de arcilla. Hace más de tres milenios los fenicios aprendieron a hacer botellas de vidrio; pequeños receptáculos de unas tres pulgadas, que se cree se usaban para perfumes.
Los romanos aprendieron el arte de los fenicios, y por supuesto, que la reina mundial del vidrio es Venecia. El adviento de las botellas de vidrio significó una revolución para la industria del vino, ya que antes se vendía el vino en ánforas o barriles.
La botella permitió a los mismos vinicultores embotellar su producto, y de ahí es que se ve la frasecita “Mise en place dans notre Château”.
Y con todo lo noble que es la botella, no solamente cuando contiene vino, sino por muchas otras razones, aún así, le ensuciamos el nombre cuando designamos así a un bueno para nada, una rémora, un parásito oficinista.
Como mencioné anteriormente, hoy en día la ciudad de Venecia es reconocida como la capital del vidrio fino en todo el mundo, aunque los chinos también tienen excelentes ejemplos de vidrio y otros países, como Irlanda y la República Checa, son famosos por sus cristales de Waterford y Bohemia, respectivamente.
Y este arte de hacer cristal soplado, a pulmón, no es nada fácil. Tanto así que de ahí la palabra fiasco, que proviene del italiano –evidentemente significa frasco o botella– ha pasado a tener un significado peyorativo: según el DRAE, es “Fracaso, decepción. Sus amores terminaron en completo fiasco”, nos dice el siempre noble Mataburros.
La expresión proviene de la frase italiana far fiasco, o sea, literalmente, “hacer una botella” y figurativamente se traduce como fracasar en un desempeño, pero de forma generalmente estrepitosa y bochornosa.
Del mismo vecindario proviene otra frasecita muy integrada a nuestro vernacular: ¿Es que tú crees que la cosa es “soplar y hacer botellas”? Y es precisamente por eso: se pregunta cuando una persona cree que una tarea X es extremadamente fácil, y evidentemente, hacer una buena botella, a pulmón, no es tarea de ineptos.

