VÍA ACUÁTICA.

¿Buen negocio para quién?

Todo parece indicar que la suerte de los ciudadanos de a pie en lo que respecta al debate sobre el proyecto del tercer juego de esclusas y de los supuestos beneficios que se derivarían del mismo está echada. Ello es así porque para la oligarquía de ayer y de hoy –reducido grupo de personas pertenecientes a una misma clase social que controlan el poder supremo del Estado en función de sus propios intereses– el proyecto de ampliación del Canal es "un buen negocio" y, en consecuencia, no hay nada más que discutir.

Así lo han puesto de manifiesto las cúpulas de todos los partidos políticos de gamonales, un banquero con reincidentes aspiraciones presidenciales, dos conspicuos ex presidentes de la República cuyas administraciones no se caracterizaron, precisamente, por la transparencia, y el propio mandatario de la Nación quien ha anunciado su voluntad de diferir el debate sobre un Plan de Desarrollo Nacional para después de realizado el referéndum. Sin embargo, la pregunta que todos los panameños debemos hacernos es la que aparece en el título de este artículo: ¿Buen negocio para quién?

Ya sabemos que el programa de ampliación del Canal es una buena jugada para las navieras y en general para el capital marítimo internacional; para las fuerzas armadas de los Estados Unidos, porque entre otras cosas va a licitar a través de su cuerpo de ingenieros en las obras de construcción y, sobre todo, porque sus portaaviones podrán transitar por el Canal.

Pero lo que desconoce la mayoría de los panameños es para qué sector ínfimo de nuestros connacionales la ampliación del Canal significa la oportunidad única para hacer el mejor de los agios, independientemente, si éste coincide o no con el interés nacional o el bien común. Que nadie se equivoque, el proyecto del tercer juego de esclusas es una excelente ancheta para los banqueros y el capital financiero; para los constructores, particularmente, los parientes del "amo chocolate" de la otra República; para la burguesía comercial importadora, emblemáticamente representada por los dueños de los supermercados; y para la burguesía burocrática, grupo de la sociedad que se enriquece lícita e ilícitamente mediante el ejercicio gubernamental.

No obstante, la principal artimaña de la oligarquía es hacernos creer que somos "socios" del Canal y, en consecuencia, todos nos beneficiaremos de la virtual "danza de millones" generada por la ampliación de la vía.

Pero lo cierto es que la opinión de los panameños y panameñas de a pie, no cuenta. Si no pregúntele al legendario dirigente campesino, Julio Bermúdez, quien interpretando el sentimiento generalizado del pueblo panameño y apelando al "espíritu" de Coronado (acuerdo de la sociedad civil y del gobierno que permitió el desarrollo de la ARI y la ACP) y en nombre de los habitantes de la Cuenca Hidrográfica del Canal, solicitó al gobierno promover un debate nacional para consensuar una agenda de Estado que contemple, paralelamente, la Ampliación del Canal de Panamá y la implementación de un Proyecto de Desarrollo Nacional.

¿Aceptará el reto la cúpula de "Patria Nueva"? ¿Caerá en oídos sordos el clamor generalizado del pueblo? ¡Amanecerá y nos veremos en el referéndum!


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