FOLCLORE

Cabanga mejoranera: Pastor E. Durán Espino

Hay mucho disgusto entre los folcloristas por la forma como se llevan a cabo las cantaderas de décimas, especialmente, en los medios televisivos.

Entre los motivos de este disgusto cultural están: el uso de instrumentos musicales considerados impropios para acompañar los cantos tradicionales de décimas (el tambor de cuñas, la caja, la churuca o rascador, las maracas, el bajo electrónico y el acordeón); cantar décimas improvisadas al momento y no las escritas o previamente aprendidas; utilizar solo los torrentes denominados “Gallino picao” y “Socavón llanero”, pues según sea el tema que se cante, así debe ser el torrente; las improvisaciones han caído en la vulgaridad, lo que da un mal ejemplo a los niños y niñas; y porque se adultera nuestro folclore y costumbres solo por lograr compensaciones económicas.

Por desgracia, la penetración del capitalismo en los pueblos, con la comercialización del folclore y la imposición de modelos culturales desde las grandes ciudades, provoca profundos cambios en las costumbres y tradiciones de los grupos humanos, no solo aquí en Panamá. Recordamos con nostalgia, es decir, con cabanga, cuando acudíamos a salones de baile abiertos, que ahora están forrados, como gallineros, con alambres. Esto es un cambio mecánico, no dialéctico. Cambios dialécticos son los que han sufrido, por ejemplo, la música y los instrumentos.

Pero, igual sentimos nostalgia por los cambios dialécticos como los que hemos anotado y que experimenta el canto de mejoranas. Otros cambios dialécticos que ya se han impuesto, para nostalgia de los folcloristas, son los que sufren los géneros musicales y los instrumentos. Las mejoranas con cuerdas de tripas de puerco han desaparecido, dándole paso a las de cuerdas de nailon; las cumbias primarias, como las chorreranas, cedieron el paso a las influenciadas por los danzones cubanos en el siglo pasado, transformadas en “danzones-cumbias”, como las de Chico Purio Ramírez, Abraham Vergara, Clímaco Batista, Victorino Nano Córdoba, entre otros; hoy experimentamos las influencias de los vallenatos colombianos y las baladas en nuestros compositores de cumbias.

Según los investigadores del folclore, si un hecho cultural es acogido por una sociedad humana y se sigue practicando pasados los 50 o 100 años, ya se puede considerar folclórico. O sea, que si ese estilo de cantar las décimas, improvisando e insultando, lo logran imponer nuestros asesores y productores de los programas “folclóricos”, más interesados por el dinero que en nuestras tradiciones, al pasar de los años si el pueblo lo acoge, así quedará.

“Todo cambia, todo fluye, nadie se baña dos veces en el mismo río”, decía Heráclito de Efeso, filósofo de la Antigüedad (535–475 a. C).


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