Ha sido larga y sangrienta la historia de cómo fueron, de una forma u otra, asesinados los dirigentes de nuestro pueblo kuna por parte de los conquistadores españoles.
Estas personas invadieron las diferentes regiones con el fin de apoderarse de esas tierras que pensaban que los conducirían al encuentro del llamado “estiércol del diablo”, que no es otro que el oro.
El cacique Ugabi no quiso, en ese sentido, a los españoles y tanto él cómo sus mujeres e hijos fueron degollados.
Cémaco también fue muerto por los invasores a golpe de machetazos.
A Carreto también lo asesinaron, salvándose tan solo su hija Mimi Siper (Anayansi).
Cuarecua fue otro jefe sacrificado.
Teo Acheon corrió la misma suerte. Pacra, otro jefe, fue despedazado por Leoncio, el perro de Balboa.
Tubarna y su familia también fueron sacrificados.
Por fin, fue el libertador Simón Bolívar el que liberó a las reservas indígenas de Sur y Centroamérica.
De allí en adelante, los dirigentes indígenas fueron atendidos en sus reclamaciones.
Fue el doctor Manuel Amador Guerrero quien en 1904, siendo gobernador de nuestra República, se entrevistó con el cacique Colmar a fin de eliminar los invasores.
Se llegó al esperado acuerdo de que no se permitirían más invasores y la bandera panameña comenzó a flamear en tan codiciado territorio.
Y los indígenas pudieron seguir imponiendo todo el amor que siempre han guardado a su territorio.
El Dr. Belisario Porras también continúo haciendo que se respetaran los logros y los bondadosos y sanos deseos de los kunas.
La sublevación de 1925 hizo que hasta el organismo de las Naciones Unidas impusiera el respeto que por sus tierras lucharon nuestros muy queridos bisabuelos.FUENTES Textos: Harry Castro Fotos: La Prensa/Archivo Comentarios: vivir+@prensa.com

