El vertiginoso crecimiento del ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus en la carrera presidencial colombiana, revela el agotamiento de amplios sectores de la población con el gobierno de Álvaro Uribe, pero, también, el éxito que este ha tenido en transformar la situación del país.
¿Paradójico? Sin duda, pero de contradicciones, consecuencias impensadas y cambios inesperados está llena la política contemporánea.
El éxito de Mockus para convertirse en el más poderoso rival de Juan Manuel Santos, ungido de Uribe, se explica por un factor muy visible: el singular atractivo de su personalidad, la resonancia mediática de sus actitudes iconoclastas y la calidad de su trabajo como alcalde de Bogotá, de 1995 a 1997, y de 2001 a 2004.
Pero difícilmente habría subido tanto si no fuera por algo menos obvio: lo mucho que ha avanzado la sociedad colombiana en desarrollar nuevas formas de identidad y conductas políticas, en alejarse de las divisiones partidistas e ideológicas tradicionales, y en buscar respuestas innovadoras a las inquietudes públicas.
Y esa transformación no se habría podido desarrollar con tanta velocidad sin los avances en seguridad ciudadana, ímpetu económico y apertura social que han caracterizado los ocho años de Uribe.
La tendencia al crecimiento de Mockus con vistas a las elecciones del 30 de mayo, está sólidamente documentada por las tres casas encuestadoras más reconocidas de Colombia: Gallup, Ipsos y el Centro Nacional de Consultoría (CNC). Según la primera, Mockus ascendió de un 10.4% de intenciones de voto a finales de marzo, a un 31.6% a finales de abril. Santos, en cambio, se mantuvo en el 34.2%.
En tres mediciones de Ipsos el avance es similar: 9% al concluir marzo, 20% a mediados de abril y 38% al final. Para Santos, las intenciones están nueve puntos atrás. Y en CNC Mockus avanza, durante la segunda mitad de abril, de 29% a 39%, y Santos baja marginalmente: del 36% al 34%.
Mockus también lleva ventaja de cara a una posible segunda vuelta.
Atrás quedaron, relegados por completo, la ex canciller y candidata conservadora por segunda vez, Noemí Sanín; Gustavo Petro, del izquierdista Polo Democrático, y dos candidatos más.
Mockus y Santos coinciden en principios y objetivos esenciales: ambos son demócratas; ambos rechazan el narcoterrorismo, las guerrillas y los paramilitares, y ambos tienen un pensamiento económico y social esencialmente abierto.
Pero Santos, con gran solidez y experiencia, representa al establishment. Miembro de una de las familias más emblemáticas del país y ministro en tres gobiernos (de Defensa con Uribe), su apoyo está anclado, esencialmente, en las corrientes liberales y conservadoras que, junto a otros grupos, ahora integran el oficialista Partido de la U; también, por supuesto, en quienes optan por la estabilidad.
Mockus es un rebelde dentro del sistema. Hijo de inmigrantes lituanos, polémico y reformista rector de la Universidad Nacional (de 1990 a 1993), matemático y filósofo, entró a la política sin pedigree alguno, y se impuso con sus actos y logros frente a la alcaldía capitalina. Ahora, desde su Partido Verde, obtuvo el apoyo de otros populares ex alcaldes: Enrique Peñalosa y Eduardo Garzón, de Bogotá, y Sergio Fajardo, de Medellín.
La gran duda que levanta es su capacidad para gobernar. Su partido, sin trayectoria, apenas logró elegir, en marzo, nueve de las 268 curules legislativas en disputa. Si llegara a la Presidencia, dependería de un poder Legislativo totalmente ajeno, y tendría que comenzar a construir los cuadros para asumir desafíos tan enormes como los de la seguridad, el desarrollo económico–social y la institucionalidad.
Santos, en cambio, además de su experiencia en el Ejecutivo nacional, sí dispone del respaldo legislativo y los cuadros necesarios para comenzar a actuar con rapidez y eficacia.
Santos es la continuidad predecible; Mockus, el cambio incierto, pero esperanzador. Aún puede haber sorpresas de aquí al 30 de mayo. Pero, hasta ahora, las señales indican que cada vez más colombianos se sienten suficientemente seguros como para apostar a la renovación, aunque todavía esté verde.