IGNORANCIA Y DESTRUCCIÓN

Camino de Cruces, balance histórico: Luis Puleio

Escribo estas líneas para destacar una acción ciudadana poco común y, verdaderamente, digna de encomio, gracias a un personaje que identificaremos como el “señor desconocido”. Los hechos ocurrieron desde el momento en que el presidente, Ricardo Martinelli, anunció la construcción de la Ciudad Hospitalaria, el Mercado de Abastos, la Cadena de Frío y los talleres del Metro. Para ello se segregaron 220 hectáreas del Parque Camino de Cruces, en el sitio conocido como el campo de antenas de Chivo Chivo, en el área revertida.

Al enterarse, el “señor desconocido” exclamó: “van a destruir el Camino de Cruces”. Él, en compañía del historiador Geovanni Duarte y del explorador Enrique García, alertó a las autoridades involucradas en la construcción de estas obras.

El llamado de auxilio, por cierto, era para ver si en el proceso de distribución de los proyectos dentro de los terrenos asignados en el campo de antenas, antigua base de comunicaciones estratégicas del Comando Sur, se tomaba en cuenta el eje del histórico empedrado y se abría una servidumbre de paso para evitar perder la conectividad del camino, que se prolonga hasta Gamboa, donde aún perviven algunas ruinas de lo que fue un importante poblado colonial español, así como “segmentos perdidos del Camino de Cruces”. Así designó el “señor desconocido” aquellos tramos que quedaron fuera de la protección de los parques nacionales Soberanía y Camino de Cruces.

Las autoridades de Patrimonio Histórico desconocían por completo la existencia de esos segmentos. Para el dominio público, todavía quedan vestigios en el bosque contiguo al Museo Reina Torres de Araúz, en los Llanos de Curundú; en el lote de la Nunciatura Apostólica; en la servidumbre de la Embajada de Estados Unidos, frente a la vía principal de Clayton; detrás del antiguo Hospital Militar, hoy de la CSS; en el residencial Senderos, calle Guanábana, y en la Ciudad Hospitalaria.

Durante las conversaciones con los representantes del Gobierno, la desilusión no se hizo esperar. La CSS no garantizaba salvar el tramo del antiguo camino, por encontrarse dentro del perímetro de construcción de la Ciudad Hospitalaria. La Autoridad Nacional del Ambiente dio por sentado que no podía ir en contra de los proyectos, al igual que la Autoridad del Canal de Panamá. En tanto, el personal de Patrimonio Histórico, con hastío, dijo que un “montón de piedras no significan nada para ellos”. En síntesis, la indiferencia fue absoluta.

Por su parte, uno de los altos directivos de la empresa MCM Global, encargada de construir el Mercado de Abastos y la Cadena de Frío, manifestó, con displicencia, que la compañía no vino a Panamá a cuidar piedras, sino a construir. El Gobierno contrató a un arqueólogo para que investigara y él en su informe dijo: “Aquí no hay nada”.

Sin embargo, y para alegría del “señor desconocido”, la FCC, firma española empeñada en la construcción de la Ciudad Hospitalaria, con alto sentido de responsabilidad empresarial, una vez se enteró de la existencia de los vestigios del Camino de Cruces, tomó las medidas de mitigación y salvamento. Colocó vallas plásticas anaranjadas para alertar a los operadores de equipo pesado, letreros alusivos a la protección de la fauna silvestre e involucró a su oficina de ambiente para que dictara charlas informativas a todo el personal de campo.

Finalmente, contrataron los servicios de un arqueólogo que certificó la existencia del Camino de Cruces, a través de hallazgos en la aparición del empedrado, que estaba oculto por el polvo de los siglos. Aunque parezca increíble, también se encontraron bases de platos, vasijas, fragmentos de ladrillos, herraduras, cuellos de botellas, y hasta una llave con imágenes del santoral católico.

Con la construcción del Mercado de Abastos y Cadena de Frío, el equipo pesado borró para siempre la historia nacional y universal en un tramo de 500 metros de eje y empedrado. Una verdadera tragedia.

Los moradores de Clayton, empeñados en la defensa del Camino de Cruces, luchan para que se respete la Ley 21 que crea la Ciudad Jardín y, con voz firme, se solidarizan con la conservación del entorno natural y de los vestigios históricos y culturales que denotan nuestra identidad nacional. Como excelente reseña que complementa este artículo, me permito indicar que busquen en internet un artículo titulado “El Camino de Cruces, primera ruta multimodal de las Américas”, escrito por el profesor, Azael Barrera.

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