El Canal de Panamá como una vía interoceánica que posibilitara la vinculación cultural y económica de América y el resto del mundo, surgió como un proyecto germinal de la identidad nacional. La genialidad del Libertador Simón Bolívar permitió vislumbrar que la vocación histórica panameña no consistía sólo en la distribución de mercancías, sino fundamentalmente en su destino de integración de pueblos y de centro de la independencia continental. Así es que el proceso de la identidad nacional se enriquece con el mensaje bolivariano que nos dice que estamos en el centro del universo y que nuestro destino es servir de eje de la convergencia de culturas y economías.
Desde la génesis de su origen histórico, Panamá trasciende lo nacional para insertarse en lo universal. Pocos pueblos como el panameño reciben esta doble misión que es también un compromiso hacia dentro y simultáneamente hacia fuera. Nuestro destino es ecuménico. Por tanto, no debemos hablar de una identidad nacional como un concepto restrictivo que sólo nos incumbe a nosotros y que repele el contorno internacional. Esto representaría desconocer las verdaderas raíces de nuestra formación geopolítica. Nos constituimos como Nación de naciones, como país nexo, como país enlace. Poseemos uno de los territorios más pequeños de América, pero tenemos y debemos seguir teniendo la proyección universal más vasta del hemisferio, que supera las limitaciones físicas del Estado panameño.
En la identidad panameña se combinan estos ingredientes nacionales de orden físico, con los ingredientes espirituales de la integración americana y mundial. El Canal simboliza las características de la identidad panameña. Es un tajo abierto en esta cintura geográfica, en nuestro hogar histórico puesto al servicio de la humanidad. La recuperación soberana del Canal magnifica la identidad panameña, porque ahora nos proyectamos al mundo nosotros mismos. No debemos perder de vista estas premisas en la administración panameña del Canal, porque en ellas reside el ser histórico panameño. El Canal resume una larga y dura batalla por la reafirmación de nuestra personalidad histórica. El mismo debe ser un acervo nacional y responder a los intereses de la sociedad panameña.
Los Tratados Torrijos-Carter condensan una aspiración que nació siglos antes cuando otros conquistadores usaron nuestro territorio para el cumplimiento de sus propias metas. Desde entonces vimos el tránsito de mercaderías que en una porción insignificante aprovechábamos, porque el 90% de los frutos iba a otra parte. Las barcazas que navegaron por las aguas del río Chagres fueron por ello tan extrañas a nuestro proyecto histórico, como los barcos que cruzaron el Canal a partir de 1914. Esta obra creada para la navegación fue planeada para servir a otros intereses. Sin embargo, llegó el día en que íbamos a poder aplicar una mentalidad panameña para usar el Canal como un instrumento estratégico del desarrollo nacional, sin renunciar a los fines del comercio internacional. En otras palabras, servimos al mundo, pero con mentalidad panameña. Nuestra identidad nacional ya estaba definida antes de nuestra independencia de Colombia y antes de que el Canal fuera nuestro. Deberá mantenerse aún en esta nueva etapa de globalización, la que no recusamos, pero debemos mirar con cautela.
Ha sido positiva la política de inversiones de la Autoridad del Canal, principalmente del ensanche de los 12 kilómetros más estrechos del Canal, conocidos como el Corte Culebra, el cual se concluyó en el año 2001. Merece destacarse la modernización de las maquinarias de las esclusas y la adquisición de nuevos remolcadores y locomotoras. Pero lo más trascendente es que en el año 2001 el promedio de tiempo de horas de un barco en aguas del Canal fue de 23.9 horas, lo que es un parámetro para medir la eficiencia en el servicio. Este promedio era de 32.9 horas en 1999, durante la administración estadounidense, la cual administró el Canal sin fines de lucro y su política financiera estaba orientada fundamentalmente a recuperar los costos de funcionamiento e inversión. La administración panameña se propone incrementar de manera general las tarifas de peajes, cambiando el sistema de aplicación, en cuyo caso las primeras toneladas tendrán una tarifa más alta y las restantes serán más bajas. Es un esfuerzo apreciable para modernizar la tradicional estructura de peajes, ligándonos a la evolución de la economía naviera.
Pero el gran desafío que se yergue en el horizonte es la definición de opciones técnicas para el paso de naves Postpanamax. En la elección de las opciones están considerándose importantes factores que antes casi no se tomaron en cuenta. Me refiero al cuidado de la cuenca hidrográfica y a la estricta conservación del medio ambiente aledaño al Canal. Esta es una prueba sumamente delicada en la que debemos equilibrar diversos factores. Es una decisión que debemos sopesar al máximo, pensando en un Canal eficiente y moderno, pero también en un hábitat que es parte integral de nuestra morada ecológica. Todos los panameños debemos intervenir en ese debate histórico y trascendente, porque en él reside la identidad que forjamos.
