WASHINGTON, D.C. – El mundo da muchas vueltas, pero son pocas las veces que esas vueltas dan tanto placer como lo que voy a reportar hoy.
Hace diez años, reporté sobre un fraude en Estados Unidos en que un distribuidor de café, Michael Norton, compraba café panameño a $1.80 la libra y lo traspasaba a bolsas que decían 100% Kona Coffee, Made in USA, para venderlo a $9.75 la libra, fraude que comprobaba que el café panameño estaba subvalorado en el mercado internacional.
Pero ahora, "el gran chiste en la industria es que el café panameño ya no se hace pasar por Kona, sino que el Kona se hace pasar por panameño", me dijo Daniel Peterson, de Hacienda La Esmeralda.
El lunes entrevisté a Peterson y a otros cafetaleros panameños en el kiosco panameño de la convención de la Specialty Coffee Association of America (SCAA), en Charlotte, North Carolina, mientras esperábamos los resultados de la competencia que mediría la calidad de unos 160 cafés de 40 países. Como reportó este diario, el café panameño quedó como campeón mundial, con premios para Esmeralda Especial, Café Kotowa, y Carmen Estate. (Ver artículos del martes y jueves). En una de las rondas preliminares de la competencia, cinco de los diez cafés con los puntajes más altos a nivel mundial eran panameños.
Para apreciar este triunfo arrollador, es necesario subrayar que Panamá es un productor pequeñísimo que solo entró a la industria hace diez años y que carga con costos de producción que son altos (comparado a países como Brasil), porque todo se hace a mano. Pero lo que más me impresionó de mis entrevistas el lunes con los caficultores panameños fue descubrir que el secreto de su éxito ha sido una estrategia muy astuta basada en calidad sobre cantidad, modelo que podría servirle a Panamá en muchas otras industrias (pienso particularmente en el turismo).
Incluso veo un potencial turístico en las áreas de cultivo de café en Boquete y Volcán, que me parecieron "el Napa Valley de Panamá" cuando las visité en febrero. Los paisajes y el clima me recuerdan los viñedos de Francia o California, donde cada viticultor y hotelero invita que el turista se detenga a gozar de la vista, la tranquilidad y los productos locales. Conversando con los cafetaleros en Charlotte el lunes, descubrí que la familia Collins –dueños del famoso Hotel Panamonte en Boquete– ha abierto un hotelito bed and breakfast en su finca Lerida Estate (cuyo café también ha ganado el primer premio de SCAA en años anteriores). Que Boquete se haya convertido en un imán para extranjeros –sobre todo los retirados que buscan comprar casa– fomenta turismo pero, por otro lado, también fomenta una inflación en el precio de terrenos que podría eventualmente amenazar las fincas de café. Elida Estate, de la familia Lamastus, está tratando de aprovechar ambas oportunidades con un proyecto residencial dentro de su finca de café.
Otra idea tomada del mundo de los vinos es que el café debe instituir un sistema de "denominación de origen" que regularía las prácticas de mercado y evitaría los fraudes. Los productores panameños están presionando para esto y uno pensaría que el escándalo Kona confirma la necesidad de que esto se haga, pero Estados Unidos, asombrosamente, se opone. Según entiendo, en la negociación del tratado de libre comercio, Washington ha tomado la posición –absolutamente inaceptable, a mi criterio– que quien tuesta el café es quien tiene derecho a ponerle la etiqueta de origen. Como los pequeños productores del café élite panameño generalmente venden su café sin tostar, las empresas estadounidenses pretenden arrogarse el derecho de ponerle made in USA cuando lo tuesten. Si Panamá acepta esto en las negociaciones, ello no solamente pondría en peligro el sello de calidad distintiva del café panameño, sino también que Estados Unidos podría fletar el mercado panameño del café barato de Brasil o Vietnam que es tostado en Estados Unidos y por ello llevaría etiqueta de made in USA.
En Charlotte, el lunes, comprendí y celebré que el café especial panameño está poniendo muy en alto el nombre de Panamá, con precios de lujo en el mercado internacional. Esto es un orgullo para el país, que el gobierno debiera respaldar con una política de promoción que incluiría servir café panameño en las embajadas, permitir kioscos de café en aeropuertos y sitios turísticos (Tocumen en especial), y –sobre todo– defender la industria panameña a capa y a espada. Hasta donde sé, esto no se está haciendo.
