Los Chilangos

Las enchiladas suizas las pedimos “divorciadas”, lo que significa que una mitad viene en salsa verde y la otra roja

Los Chilangos
Buena decoración, pero fracasó el servicio.

Aristóloga Especial para La Prensa revista@prensa.com

El restaurante de esta semana lo visitamos en su nueva sede, en la parte trasera del centro comercial Camino de las Cruces de El Dorado. Tentada estoy de decir únicamente que, aunque un escaso tercio de las mesas estaba ocupado, tardaron 20 minutos en surtir la orden de las bebidas (sí, contados con reloj) y cuando llegaron fue para informarnos que no nos podían servir los Bloody Mary por falta de jugo de tomate y, además, las sodas estaban sin gas. De ahí en adelante, con notablemente pocas excepciones, la comida regular y el servicio ineficiente resultaron ser la norma.

Pedimos el guacamole especial, que llegó sobreprocesado (ningún mexicano que se precie hace puré de aguacate, sino que lo deja grumoso) y un triz agrio, recubierto de frijoles refritos y totopos, estos sí, bien crocantes como se debe. Luego pedimos el queso con rajas, queso de Oaxaca con rajas de chile poblano y también el fundido de chorizo, con trozos de chorizo desmenuzado. Ambos vinieron en molcajete (una especie de pilón de piedra) y estuvieron bastante decentes. Los chilango wings, no obstante, fueron unas alitas de pollo semicrudas con un mejunje de catsup y picante que me dio vergüenza ajena.

Los tacos vienen con tortillas de las pequeñitas, o sea que si te dicen que la orden es de cuatro, vienen ocho tortillitas. Esto me pareció bien porque puedes pedir una orden mixta y disfrutar un poquito de cada una, pero no les recomiendo las de res, porque lo de “filete”, o es mito, o era una señora res ya mayorcita. Las dos de cerdo que probamos, por otra parte, fueron de lo mejor que probamos: la cochinita al pibil pecó de exceso de adobo, pero en este caso, fue una cosa buena, ya que el cilantro picadito que trajo encima hizo perfecto contrapunto al agridulce del pibil. Los tacos al pastor también nos gustaron, ya que trajeron pedacitos de piña, evocando la que usualmente se pone en la cabeza del “trompo” en que se rostiza el cerdo.

Entre las “exclusividades de la casa” están las enchiladas suizas, que pedimos “divorciadas”, lo que significa que vienen mitad con salsa verde y mitad con salsa roja. Estuvieron muy buenas, con el pollito bien adobado entre las tortillas cubiertas de crema y cebolla. Sin embargo, como parece ser una de cal y otra de arena, en los chilaquiles tuvimos que buscar el pollo con lupa y, además, aunque llegaron calientes a la mesa, para cuando finalmente terminaron de traer los cubiertos que habían retirado al retirar los platos de las picadas, ya la tortilla se había aguado y era una sola masacota insulsa. A la hora del postre, nos fuimos a comer helado al negocio contiguo. Dixit.

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