Llama la atención que casinos se estén anunciando en la televisión local. Pensé que la excesiva proliferación del juego de azar que se dio durante el gobierno de Pérez Balladares estaba acompañada de la promoción del turismo externo, con lo cual no sería dirigida al consumo de los panameños, a efecto de que jugáramos más en estos centros de adicción.Vivimos en una sociedad con los valores trastrocados. El fin último de hacer dinero de algunos pocos contrasta con el último de las mayorías, el ser menos pobres; poder salir del estado de pobreza en que se encuentran. Con tal de llenarse los bolsillos hay que defender a ultranza el hacer negocios; lo único importante y trascendente.
¿Por qué permitimos anuncios de casinos en la televisión? ¿Por qué no se prohíben cuñas de bebidas alcohólicas, tal como cada día se hace en más países?Recientemente ha entrado en vigencia una ley que prohíbe fumar en los lugares públicos, salvo en los designados para tal fin; como diciendo los que se quieren matar que lo hagan solos. En 1990, siendo alcalde de Panamá me tocó aprobar la reglamentación municipal que exigía en los restaurantes áreas separadas para no fumadores y para fumadores. Posteriormente la Asamblea Legislativa prohibió el fumar en los lugares públicos; desafortunadamente dicha ley se cumplió parcialmente porque en muchos sitios se siguió fumando.
Desde junio pasado, quizás por la mayor conciencia que existe ahora, todo parece indicar que sí se está cumpliendo la ley; hasta en la Asamblea Legislativa ya no se fuma. Sin embargo, siendo la "chinguia" y el alcoholismo tan perniciosos y criminales como el tabaco, no se les aplica las mismas reglas. Hace muchos años que no se puede anunciar tabaco en los medios de comunicación.No hay que ser psiquiatra o psicólogo para saber que, así como el consumo de tabaco es una adicción que mata a mucha gente, por igual de criminal es el consumo excesivo de alcohol y la proliferación del juego. Beber en exceso destruye vidas, tanto la propia como las ajenas; destruye hogares; induce en los jóvenes al consumo de drogas; baja la productividad de la gente.
El juego excesivo, por igual, arruina vidas, particularmente la de las familias; induce al delito, incluyendo al secuestro y a la extorsión tal como se da en ciertas etnias.La política del Estado en este sentido es completamente ambigua. Por un lado, mano dura con el cigarrillo, pero por la otra se da un excesivo libertinaje con la promoción del "guaro" y de la "chinguia"; como si no bastara con la Lotería y con lo que uno se toma en su hogar o en una fiesta. Bastan unos pocos ejemplos: en la transmisión de un juego de béisbol ¿habremos contado cuántos anuncios de cerveza nos atarugan? ¿cuántos de ron? Para contramatar, ahora vemos a una cadena de casinos penetrar en nuestros hogares vía la televisión, tratando de vendernos la idea de que es aburrido quedarse en casa y no ir a jugar a un casino. Sabemos que el tema creará muchas ronchas entre aquellos que se dedican a estas rentables actividades. Que no me acusen de puritano; me encanta tomar un buen vino, pero creo que se les está yendo la mano a algunos.
Todo en exceso es malo. Pero, ¿los gobernantes no están supuestos a pensar y a preocuparse por la mayoría de la población? Además, ¿no es el bien común más importante que el bien particular de los pocos que usufructúan el negocio del juego y del aguardiente? Quienes apoyamos la presente gestión gubernamental en base a su programa de trabajo, simplemente decimos ¡Sí se puede! Así como repetimos ¡no al tabaco!, digamos también ¡no al juego! y ¡no al alcohol!
