Cien años de tradición

Cien años de tradición
Tropas estadounidenses acantonadas en el Parque de Santa Ana, desde el 12 de octubre de 1925, a raíz de los incidentes de la lucha del Movimiento Inquilinario en Panamá.

Santa Ana, histórico barrio de la capital, nace formalmente en el siglo XVIII, integrado por los grupos más humildes de la ciudad, a quienes la clase social pudiente denominada “la plebe”. Se ubicaba fuera del muro que se creó como una frontera de defensa militar con una división de carácter político y social alrededor de San Felipe.

El Revellín, o mejor conocido como el arrabal, era como se le llamaba al barrio de Santa Ana, que crecía como una aldea al borde de la ciudad ubicada dentro de la gran muralla (hoy San Felipe), y que en poco tiempo se convirtió en el sitio más populoso, con un número de casas que excedía a la población instalada en intramuros, con calles anchas, derechas y empedradas en su mayoría.

A principios del siglo XIX, antes de constituirse propiamente como parque, al sitio se le conocía como la Plaza de Santa Ana, en la que, incluso, se realizaban corridas de toros, y que más adelante se convertiría en punto de encuentro de las masas populares y de actividad política. El arrabal crecía con una parroquia y otros núcleos urbanos, que a lo largo del tiempo se desarrollarían.

La evolución de este conglomerado social se observaba en el siglo XIX; se destaca la actitud permanente que desde inicios del siglo asume la gente que vive en los arrabales, “la plebe” contra la “gente decente” que vive en la ciudad.

El nacimiento de varios dirigentes políticos populares en el sector de los arrabales, dio lugar a la intensificación de una serie de actividades que se caracterizaban por su agitación partidista, dentro de la filiación del radicalismo Liberal, desde la primera mitad del siglo XIX. Estos líderes populares, entre los que destacan Pedro Goitya, Mateo Iturralde, Rafael Aizpurú y Domingo Cajar, convierten la Plaza de Santa en el epicentro de todos los grandes movimientos políticos, hasta tomar por asalto el poder político del Estado de Panamá, a mediados del siglo XIX.

No fue hasta el 5 de julio de 1868 que, por primera vez, el general Buenaventura Correoso, uno de los máximos dirigentes y quien llegó a ser presidente del Estado de Panamá en tres ocasiones distintas, logra convocar el primer cabildo pleno de la ciudad, que habitaba fuera de la muralla (Santa Ana), en la plaza de Santa Ana con el propósito de hacer valer el principio de la soberanía popular.

Este hecho de Buenaventura Correoso marca el hito que convirtió a la Plaza de Santa Ana en el sitio histórico de todas las grandes convocatorias del pueblo y los mítines de protesta contra la conducta de los que ejercían el poder político, lo que motivó que fuera bautizado por José Llorent como “la línea de fuego”. De allí que se le considere en la actualidad como “cuna de la nacionalidad panameña”.

El 28 de noviembre de 1890, el doctor Carlos A. Mendoza inaugura oficialmente el Parque de Santa Ana, y 94 años después se declara Monumento Histórico Nacional mediante la Ley No.18 del 9 de octubre de1984.

Fiel a su tradición de sitio de arengas públicas, en 1925 se torna en escenario principal de los mítines y las luchas del Movimiento Inquilinario en Panamá. Y el 12 de octubre de ese año, el Parque de Santa Ana se convierte en el teatro de una de las más oprobiosas afrentas a la soberanía, producto de la orden emanada por el general Williams Lassister, que en virtud del Artículo No.136 de la Constitución de 1904, ordena a las tropas estadounidenses “asumir el servicio de policía en la ciudad de Panamá y sus puertos adyacentes”, a fin de mantener el orden frente a las acciones de protestas que mantenía el Movimiento Inquilinario.

“El Parque de Santa Ana tradicionalmente se tuvo en el abandono y el olvido, solamente se le maquillaba, e inclusive se llegó a restringir el acceso a los habitantes de la ciudad cuando se le pusieron las verjas y cercas de hierro”, afirma el director de Proyectos Especiales de la Alcaldía de Panamá, Abraham Gotti.

Hoy se le depara un mejor futuro. La Alcaldía de Panamá remoza sus instalaciones de acuerdo a como era a principios del siglo XX.

Para la administración del alcalde Juan Carlos Navarro, asegura el director de Proyectos Especiales, la importancia del remozamiento de la “cuna de la nacionalidad”, donde se forjaron los grandes pensadores y políticos del siglo XX que tuvieron que pasar por este parque a nutrirse de información y hablarle a la gente, “consiste en traer a la actualidad un retazo de historia patria” y que se le reconozca a este sitio el valor que tiene y, por ende, se le dé el mantenimiento que se merece.

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