¿Clase política?

Llamarle clase a los sectores políticos puede hacer que estos pretendan auto-darse categorías hegemónicas sobre el resto de la sociedad

Es alarmante la forma en que constantemente sectores políticos, periodistas y un número plural de miembros de partidos políticos acostumbran llamar o llamarse entre sí clase política. Mi formación marxista y leninista me enseñó que la sociedad, a través de la historia, se ha dividido en clases sociales y que una característica de tales clases sociales es la capacidad de reproducirse mediante el aprendizaje, la herencia social y económica, las relaciones sociales y de parentela y, ante todo -lo más determinante- con capacidad de generación de riquezas, ya sea siendo clase social para sí o clase social al servicio de otra clase social.

Pero ante todo, la clase como fenómeno social maneja su propio concepto filosófico ajeno a las otras clases sociales que puedan existir, su propio concepto ideológico, sus propias segmentaciones ante sí y de por sí (estratos sociales propios). De lo anterior se deduce que llamarle clase a los sectores políticos puede determinar que estos pretendan auto-darse categorías hegemónicas sobre el resto de la sociedad con la agravante de ser los partidos y los políticos sectores estrictamente improductivos en materia de elaboración de bienes materiales. Por ejemplo, en la relación obrero-patronal, dice Engels: “…el obrero cuesta, pues, al poseedor de dinero, diariamente, el producto del valor de seis horas de trabajo, pero le entrega al cabo de cada día el producto del valor de doce horas de trabajo.”

(Engels, Federico; Economía política; Editorial Roca; México, 1974, Pág. 97). Como puede deducirse lo anterior, obreros y capitalistas se retribuyen mutuamente, tal vez no de la forma más justa (tal vez eso depende de la acepción ideológica de cada cual y del papel que ocupen en su respectiva clase social). Mas, en el caso de los políticos, la producción, fuera de no ser material, ni intelectual en la mayoría de los casos, al menos en la realidad panameña actual resulta sumamente onerosa. Permitir que se siembre el concepto de que los políticos y sus partidos pueden constituirse en una clase es tanto como señalar que puede irrumpir como determinante social un sector improductivo que lo único que aporta al capital nacional es hacerse con ofensivos salarios tanto a los ojos de la explotada clase obrera como a los ojos de temerosos inversionistas que tienen que aportar en la mayoría de los casos capital, rentas y trabajo importante para hacerse de un salario socialmente hegemónico, cosa que los sectores políticos acostumbran a hacer, particularmente a partir del gobierno de Pérez Balladares en Panamá, a costa de la renta nacional.

Persistir en llamarles a estos políticos “clase política” es ofender por un lado a la CONUSI, al CONATO y al SUNTRACS, sectores productivos que representan entre otros a la clase obrera y por otro lado a la Cámara de Comercio, a la APEDE y al Sindicato de Industriales, sectores inversionistas y empresariales que arriesgan sus capitales y que representan a la clase burguesa. El problema es que lo que determina la existencia de una clase social o sociológica, si se quiere, es todo el conjunto de procesos económicos y sociales que influyen en su característica.

Es aquí donde podemos deducir que las características económicas y sociales de los políticos y sus partidos está determinada por el aporte, es decir por la dependencia de los políticos y sus partidos al aporte de las dos grandes clases sociales contemporáneas, lo cual es tanto como decir que los políticos y sus partidos son dependientes y una clase sociológicamente hablando no puede ser dependiente. El derrumbe del campo socialista tal vez indique que las clases pueden ser interdependientes entre sí, pero jamás dependientes una de otras y menos pretenderse –como lo hacen ciertos periodistas locales e internacionales– indicar que existe una “clase política”.

Esto es tanto como decir que los políticos pueden actuar como patrulla autónoma, lo cual es falso. Si no pregúntese cómo, de quiénes y de dónde sale el financiamiento de las costosas campañas electorales, ya sean de partidos de derecha o de izquierda como es el caso del partido de Lula de los trabajadores en Brasil, o el Frente Sandinista y del Farabundo Martí en Centroamérica. Estas campañas salen de alguno de los sectores productivos, la clase obrera y popular o los sectores capitalistas con apoyo de masas, pero no salen de los propios sectores políticos por ser improductivos y lo único que significan en todo caso es una erogación o un gasto del capital social que nos pertenece a todos.

Señalan F.V. Konstantinov y otros en su obra clásica Introducción al materialismo histórico que: “la única ‘propiedad’ de la materia, al reconocimiento del cual va unido el materialismo filosófico -subrayaba Lenin- es la propiedad de ser una realidad objetiva, de existir fuera de nuestra conciencia”. El problema político e ideológico es fundamentalmente un problema de conciencia, al extremo que en la época del totalitarismo, Occidente llamaba a los presos políticos del “socialismo real”, presos de conciencia.

Dejemos de llamar “clase” a los sectores políticos para que de una vez entiendan que no son los sectores políticos los que determinan o deben determinar la suerte social, sino la sociedad, que paga con sus contribuciones e impuestos a los partidos políticos y a los políticos, la que está llamada a determinar la suerte de estos y no al revés como ha sido hasta la fecha.

LAS MÁS LEÍDAS

  • De la crisis a la esperanza: el rescate del marañón panameño en el Arco Seco. Leer más
  • Registro del Cepanim inicia este mes y los pagos serán desde julio de 2026. Leer más
  • Mides detecta más de 8 mil beneficiarios con autos, taxis y buses en programas sociales. Leer más
  • Pago de Cepanim 2026: así será el registro obligatorio para cobrar en junio. Leer más
  • Lotería Nacional: cambios en el sorteo del domingo 5 de abril por Semana Santa. Leer más
  • El Estado pagó medio millón para el Clásico, pero la Fedebeis se quedó con el premio. Leer más
  • El gasoducto del Canal de Panamá: La decisión correcta es la menos riesgosa. Leer más