Hace apenas cinco meses las autoridades colombianas aseguraban que el país estaba blindado contra la crisis internacional, y ahora los analistas estiman que la economía a duras penas crecerá alrededor de 1% en este año. Con este pronóstico sombrío se ha cerrado el ciclo de mayor crecimiento de las últimas tres décadas en Colombia, y el país ha quedado en la misma situación de fragilidad que muchas otras economías en desarrollo.
Claro que el deterioro de las perspectivas económicas no es patrimonio exclusivo de Colombia. Desde mediados del año pasado el Fondo Monetario Internacional ha venido reduciendo sus proyecciones de crecimiento a pasos agigantados: hace cinco meses la institución estimaba que la economía mundial crecería 3% en 2009, y ahora calcula que ese crecimiento apenas será de 0.5%.
Las proyecciones para América Latina también han ido en descenso: en octubre pasado el Fondo estimaba que el crecimiento de la región sería de 3.2% en 2009, y ahora calcula que apenas superará el 1%. Lo más grave de todo es que las cosas pueden seguir empeorando: si en las próximas semanas la administración Obama no logra conjurar la crisis financiera y estabilizar el mercado laboral en Estados Unidos, las perspectivas de crecimiento seguirán cayendo en todo el mundo.
Así es el panorama económico que vemos por estos días todos los habitantes del planeta: sombrío e incierto. La buena noticia es que, en ese contexto, Colombia está mejor parada que muchos de sus vecinos. Aunque arriesgarse a lanzar cifras en estos momentos de zozobra es una labor estéril, la mayoría de los analistas estiman que, si bien el desempeño económico de Colombia este año será inferior al de Perú, debe ser similar al de Chile y Brasil, y será muy superior al de Argentina, Venezuela y México, país que incluso sufrirá una contracción cercana al 2%.
¿Y a qué se debe este comportamiento? A que Colombia tiene unas condiciones macroeconómicas razonablemente buenas. Aunque el país nunca estuvo blindado, como lo afirmaban las autoridades, sí tiene algunas condiciones que contribuyen a atenuar los estragos de la crisis internacional, especialmente en lo referente a la disponibilidad de divisas en estos tiempos de restricciones de financiamiento externo. En los últimos años Colombia se convirtió en uno de los tres destinos más atractivos para la inversión extranjera en América Latina, lo que permite cubrir una parte importante de las necesidades de recursos externos este año. A ello también contribuye el notable comportamiento de las remesas de los colombianos que trabajan en el exterior, que crecieron 8% en 2008, dinamismo que sorprende comparado con el deterioro de las remesas de países como México y Ecuador.
A esto se suma el que los mercados financieros internacionales tienen una buena percepción sobre la solidez de la economía. El costo por riesgo que debería pagar el Gobierno colombiano, si saliera a buscar créditos en el mercado internacional en este momento, es muy similar al que deben pagar Perú y Brasil, y bastante inferior a los de Argentina, Venezuela y Ecuador.
Pero una cosa es que Colombia no esté tan mal parada como algunos de sus vecinos y otra cosa muy distinta es que pueda sustraerse a la crisis. Desafortunadamente las autoridades no tienen mucho margen de maniobra para contrarrestar los estragos de la situación internacional. El Gobierno colombiano no ahorró durante la época de las vacas gordas, y ahora no tiene espacio fiscal para impulsar de manera agresiva el gasto público. Aunque hace unas semanas se anunció una estrategia de choque basada en grandes obras de infraestructura, su impacto efectivo será limitado: la mayor parte de esa inversión ya estaba presupuestada desde el año anterior y los funcionarios a cargo de las obras públicas han mostrado ser bastante ineficientes a la hora de ejecutar proyectos de gran calado.
Entre tanto, las autoridades monetarias tienen un espacio mucho más amplio para impulsar la economía, mediante la reducción de la tasa de interés en un entorno en que la amenaza de la inflación es cada vez menor. De hecho, el Banco de la República ha reducido sus tasas de interés del nivel de 10% vigente a fines del año pasado a 7% en su última sesión de marzo.
Estas políticas deberían permitirle a la economía colombiana crecer alrededor de 1% este año, siempre y cuando la economía mundial empiece a estabilizarse antes de terminar este primer trimestre. De ser así, el panorama luciría más favorable para Colombia en 2010 y 2011, cuando el crecimiento podría rondar el 3% gracias a la inversión extranjera, los avances en seguridad y la mejora en el entorno de negocios que ha tenido el país. Por el contrario, si la crisis internacional se prolongara más allá del primer semestre de 2010, todos tendríamos que volver a hacer nuestras cuentas para tratar de ubicar dónde queda cada cual en un vecindario asolado por una contracción económica generalizada.