Mediante el Decreto de Gabinete No. 401 del 29 de diciembre de 1970 se crean los comités de salud a lo largo y ancho del país, con el interés de hacer partícipes a las comunidades de la planificación y ejecución de los programas del Ministerio de Salud, como se plantea en nuestra Constitución (Capítulo VI, Artículo 112). Todo ello con el fin de mejorar el estilo de vida de muchas de nuestras poblaciones.
De la promulgación y aparición de los comités, a la fecha, mucha agua ha pasado debajo del puente. Y no precisamente cristalina. Lamentablemente hoy la realidad es otra. Muchos de los comités de salud se han convertido en botín político, y trampolín de futuras figuras de la palestra pública.
Mi experiencia y trabajo con los comités en la década del 80 fue beneficiosa en todos los sentidos. Se trabajaba para la comunidad. Ellos se preocupaban por la situación estructural de los centros, como también de la atención de los pacientes en forma ininterrumpida (asistencia y traslado en ambulancia, cuadro básico de medicamentos, etc.). Su alto sentido social y preocupación los llevaba a la consecución de aportes adicionales para obras de mejoramiento y de ampliación del servicio.
Su participación con mano de obra, materiales de construcción y su entusiasta actitud hacía de los comités un excelente colaborador y un magnífico ente de la comunidad en quien confiar. Elaboraban, en conjunto con los miembros de salud, los planes a ejecutar, actividad esta que le es propia como obligación inherente.
Esto no es así hoy. Los partidos políticos se han inmiscuido en ellos, de manera que cuando asumen la “responsabilidad” de una colectividad, politizan su accionar. Se piensa que los fondos financieros de los centros están a su disposición, y son ellos los encargados de nombrar y cesar al personal por compromisos previos con sus seguidores. ¡Señores, estamos hablando de salud, y de instalaciones de salud!
Se pretende el uso de los fondos para campañas o actividades que los realcen, con miras electoreras futuras; se desconoce el verdadero rol de estos comités y sus obligaciones u objetivos.
Las continuas remociones de personal –que debe tener un “mínimo” de capacitación en salud– en los centros, ocasiona problemas en la actividad de la atención primaria. Se ha trastocado el concepto hasta el punto de creer que es una agencia de colocaciones. El desconocimiento de los programas los ha llevado a tener conflictos con las autoridades de Salud, creando bicefalía en el accionar de dichas instalaciones. No es el comité la autoridad rectora del Centro de Salud, sino el director médico o gerente de dicha instalación.
De allí el porqué en gran medida de la baja autoestima de los funcionarios, el retroceso de muchos programas comunitarios, las continuas quejas de los usuarios en la atención. Muchos se han convertido en firmantes de cheques, sin interés alguno por las obligaciones para las que fueron escogidos.
Siendo como soy, trabajador de la salud pública, comunitaria y social, no puedo pretender oponerme a su existencia, pero es hora de que ordenemos las cosas, las corrijamos y las encaucemos hacia su justa medida.
Ustedes fueron creados como instrumento de organización popular, con capacidad para plantear sus necesidades y participar en la planificación y ejecución de los programas del Ministerio de Salud.
No para creer que son el patrono empleador, dueño de todo lo allí existente. Que podemos disponer del personal técnico, o utilizar la coacción para obtener beneficios personales, introducir la política como parte de las metas en las diversas actividades que se desarrollen como un segmento de los servicios de los centros.
Del conocimiento de sus propias estructuras y obligaciones, podremos trabajar adecuadamente por la sociedad, que en definitiva es el objetivo final de nuestra labor.
