CRÍTICAS

Comunicación en tiempos modernos

Siempre que escribimos nos preguntamos mentalmente: ¿para qué escribo? ¿para quién? ¿para aportar qué cosa? Son interrogantes que pretenden brindar al escritor una motivación proyectada en el lector o en la lectora quienes serán, a final de cuentas, los que despejen la incógnita a través de una infalible guía de investigación sobre quién es el autor o la autora, sus motivaciones, sus ideas y dará la calificación correspondiente al escrito que lee.

Sin embargo, muchas veces nuestra vista se topa con producciones que nos dejan con la boca cerrada, muda, cocida, aplaudiendo, sin hacer la debida reflexión sobre lo escrito a las ponencias leídas, a las disertaciones que tenemos oportunidad de escuchar en congresos, jornadas y conferencias refiriéndonos a la creatividad, al trabajo y al rigor científico puesto en juego por el expositor o la expositora a aquellas actividades en donde también vamos a leer.

Es algo así como una “moda” (por nominarla de un modo benévolo). Digo leer, ya que algunas exposiciones constan únicamente de cuadros, gráficos y textos que, patéticamente, hacen que el disertante sobre ante un ejercicio de la redundancia repasada y repetida en cada una de las cosas que simultáneamente son leídas por el público. No ajena a lo que estoy criticando constructivamente, supongo que hay lectores y lectoras que tienen esta misma inquietud, sutil, no pasiva, de divulgar este dato específico ya que esto se está registrando continuamente con un apuntador como si se “escaneara” un texto; y cuando se nos repite hasta el cansancio un panfleto con pretensiones de aprobación universal diciendo cosas ya dichas y casi siempre mejor dichas por otras personas , entonces la pregunta impone con todo su peso ¿para qué hablo?

Escribir o decir, sobre lo que se muestra y lo que se oculta, sobre lo que queda afuera y lo que se repite incesantemente es como una letanía, como un cliché triste, Es decir, se enuncia tomando al público oyente como pasivo receptor, como alguien que no cuestiona ni debate, como alguien que deberá contentarse solo con ser objeto de la comunicación de un saber.

Receptores agradecidos y receptoras agradecidas es necesario enmarcar que en la medida en que estamos absolutamente atravesados por la estructura de diálogo: respondemos, contestamos y adoptamos una actitud de réplica. No necesariamente tenemos que exteriorizar lo que pensamos en respuesta a algo que se nos comunica; pero más allá de que exterioricemos o no, la respuesta, nuestra respuesta, está pendiente ya que el interlocutor (a) es la persona que tiene el objetivo de emocionar más al público y es quién debe saber, perfectamente, que esa motivación no puede ser permanente comotampoco lo es comer o bañarse. La motivación es la clave para usar nuestras habilidades para poder alcanzar objetivos que valgan la pena comentar.

La vida es así. Cuando nos parece que algo positivo se divulga, sentimos una energía extraordinaria. Esta es la razón por la que una persona que quiere maximizar la vida programará a propósito una información motivadora regular de la misma manera que elabora un programa para poner alimento en su estómago. Por tanto, la motivación deberá alimentar la actitud que produce la necesaria confianza para no mantener la persistencia negativa en la comunicación en tiempos modernos.

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